Literatura
Por José Jiménez Lozano
Creo que es Azorín el que reprocha a don Juan Valera el burlarse y tomarse a chacota casi todo, incluso pensares y sentires que no se para a analizar y entender; como los de Nietzsche, por ejemplo, que Valera, de buenas a primeras y sin encomendarse a ningún santo, comparó enseguida a los de Campoamor, que además los habría producido antes.
¿Por qué hacía esto don Juan Valera? ¿Por achaques de frivolidad y ligereza de los que no llegó a desprenderse nunca del todo? ¿Por hablar mal de las novedades y fastidiar un poco? No sé, pero, teniendo como tengo tanta simpatía a Valera, me duele verle haciendo en su tiempo, y a este respecto, el papel de «los aldeanos críticos» del xviii, en Tierra de Campos, de los que habla el Conde de Peñaflorida, que se reían tanto y lo pasaban tan bien en sus tertulias a cuenta de Newton, Gassendi o Galileo y sus teorías, y haciendo chistes sobre la gravitación universal, por ejemplo.
Pero yo creo que seguimos más o menos igual, aunque ahora nos reímos de casi todo, desde luego desde instancias críticas supremas, desde la plenitud de los tiempos y el final de la historia. No es lo mismo, y ya no somos aldeanos. Todo se explica.