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Lunes, 12 de agosto de 2013

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De estampida, de estampía (1)

Por Pedro Álvarez de Miranda

Ha reparado Javier Marías, oportunamente, en que el diccionario de la Academia, que recoge bajo la entrada estampía —como único empleo de tal forma, y de modo, como enseguida diremos, no del todo adecuado— la construcción de estampía, olvida en cambio registrar, en el artículo estampida, la existencia de otra paralela y perfectamente equivalente a aquella: de estampida.

Lo que hace el repertorio académico, en estampía, es incluir una serie de presuntas «locuciones verbales»: embestir, partir o salir de estampía, con esta definición: «Hacerlo de repente, sin preparación ni anuncio alguno». En cambio, ya María Moliner (1966) vio que se trataba realmente de una locución adverbial, aunque no la calificara así (ni de ningún otro modo):

estampía. De estampía (con verbos como «irse, salir, embestir»). Repentina o precipitadamente.

Es decir, la gran lexicógrafa se dio cuenta de que de estampía era, en suma, un adverbio, y de que tenía una peculiaridad de «colocación», la de aparecer acompañando a verbos como los que menciona. No hay duda de que el más frecuente de ellos es, con mucho, salir; de ahí que, en vez de dar una relación de verbos posibles, sea más adecuado indicar que la locución suele aparecer con él y puede hacerlo asimismo con otros equivalentes. Es lo que encontramos en el Diccionario del español actual dirigido por Manuel Seco (en el que se citan dos textos, uno con salir y otro con arrancar); su definición es muy parecida a la de Moliner, y también preferible, por la conjunción elegida: «Repentina y precipitadamente».

El artículo actual del diccionario académico es, como a menudo sucede, heredero del que la Academia ideó la primera vez que recogió la palabra, en 1869:

ESTAMPÍA: f. Úsase solo en la frase partir, salir, embestir de estampía, y significa hacerlo de repente, sin preparación ni anuncio alguno.

Por otro lado, como ya ha quedado dicho, el diccionario común no trae de estampida. Tampoco el de María Moliner en sus ediciones primera y segunda. Sí consta en la tercera, y por supuesto en el repertorio de Seco, que la define utilizando su casi gemela: «De estampía». También han recogido la forma plena de la locución el Diccionario del estudiante (2005) y el Diccionario esencial (2006) de la propia Academia —y antes se habían hecho eco de su existencia, pero de manera un tanto subrepticia, las ediciones tercera (1983-1985) y cuarta (1989) del Diccionario manual e ilustrado de la lengua española—.

La observación de Marías me ha llevado a indagar en el asunto, que no voy a desentrañar por completo, pues ello implicaría reconstruir la trayectoria de estampida, y eventualmente de estampía, en su empleo como meros sustantivos, e incluso su presencia en otras construcciones. Voy a limitarme a tratar de dilucidar cómo nació la locución que nos interesa y por qué tiene esa variante en la que la -d- intervocálica ha desaparecido.

Como era de esperar, la forma plena, de estampida, precede en el tiempo a de estampía. Aquella la encontramos por vez primera integrada, ahora sí, en una locución verbal que tuvo muy escaso empleo (y según la documentación solo americano), dar de estampida —dejamos al margen otra, dar (la) estampida, por no apartarnos de nuestro objetivo—. En el poema épico Guerras de Chile (1660), de Juan de Mendoza Monteagudo, se lee: «Dando el feroz caballo de estampida / Dio con el dueño fiero gran caída». Y según cierto documento mexicano de fines del xvii unas mulas «dieron de estampida, derribando las cargas» (Crónica de las luchas en la frontera septentrional de la provincia de Sonora, 1689-1692, publicada por Armando Quijada Hernández en 1979). Como se ve, son dos textos muy similares: esos cuadrúpedos que dan de estampida lo que hacen es ‘salir de estampida’.

A partir del siglo xviii encontramos ya la locución adverbial de estampida, rara todavía en él y más corriente en el xix. En La Proserpina. Poema heroico jocoserio (1721), de Pedro Silvestre, parece significar ‘muy deprisa, a gran velocidad’: «De estampida por todo el elemento [el mar] / iban las Focas dándose encontrones». Y lo mismo ocurre en estas curiosas líneas de 1838 que hablan de ferrocarriles:

Cuando estén completados los principiados, no habrá parte alguna de Inglaterra a donde no se pueda ir de estampida, arrebatado por el vapor, a razón de diez o doce leguas por hora, descansado y aun durmiendo (El Instructor, o Repertorio de Historia, Bellas Letras y Artes, t. V).

Pero también desde principios del xviii se documenta el uso moderno o actual, es decir, de estampida ‘repentina, precipitada, impetuosamente’ acompañando a verbos como salir o similares (volverse, marcharse, arrancar):

Viendo nacida a María,
Luzbel de estampida sale.
(Francisco de Atienza y Pineda, Letras de los villancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Cathedral de la Ciudad de [Puebla de] los Ángeles en los Maytines solemnes de la Natividad de María Santíssima, 1715).

Apenas se dio permiso de volverse lo hicieron de estampida, dejando como las primeras a sus hijos, redes y cosas semejantes (Miguel Venegas y Andrés Marcos Burriel, Noticia de la California, 1739-1757).

Paseaba yo solo una tarde por el lado de estos campos que está no muy distante de los infiernos cuando vi salir de ellos y de estampida un demonio alígero (El Censor. Periódico político y literario, t. XV, 1822).

En el momento salieron de estampida Lojero, el coronel Guerra, Perea… (La Revista Española, 14 de noviembre de 1832).

¡Y se marcha de estampida!…
De lo que veo estoy tonta.
(Francisco Sánchez del Arco, Polilla de los partidos, 1847).

Sobre el pescuezo a dar de bruces vino
de su corcel, que arranca de estampida.
(Andrés Bello, Traducción del Orlando enamorado de Boyardo, 1862).

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