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Martes, 23 de agosto de 2011

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ARTE / Claroscuro

Asmodea

Por Laura Rodríguez Peinado

Asmodeo era un demonio símbolo del deseo carnal, conocido por aparecer en el Libro de Tobías. Enamorado de Sara, mató a sus siete primeros maridos la noche de bodas, antes de consumarse el matrimonio. Pero cuando Sara en octavas nupcias se casó con Tobías, hijo del profeta, el arcángel Rafael la ayudó a apresar a Asmodeo encadenándolo en Egipto.

Fue un personaje muy popular en la cultura española del siglo xvii con el sobrenombre de diablo cojuelo, considerado un diablo travieso inventor de danzas y música, cuyas andanzas fueron recogidas en la novela homónima publicada por Luis Vélez de Guevara en 1641, en la que acompaña al protagonista a recorrer el Madrid de la época sobrevolando la villa y curioseando los vicios y defectos de sus moradores.

La obra de Goya, situada en la sala de la planta primera de la Quinta del Sordo, lleva por título Asmodea como referencia a la figura femenina que, envuelta en un manto rojo, lleva por los aires a un hombre que señala su destino, un gran promontorio en el que se emplazan unas construcciones.

No se ha encontrado una única interpretación sobre la identidad de estas figuras. El hecho de que la figura femenina transporte al hombre, que parece resistirse a la vez que forma con su mano el signo del macho cabrío, ha llevado a interpretar la obra como un viaje a un aquelarre, por lo que también se la conoce como Al aquelarre.

En el plano inferior, dos soldados franceses apuntan con sus armas a unos jinetes que ocupan los planos centrales, lo que se ha interpretado en clave política como la alusión a la invasión francesa y la guerra que tuvo que librar España para echar al invasor.

En todo caso, es difícil establecer una relación convincente entre la escena del plano inferior y los dos personajes que vuelan por los aires y que captan la atención por su monumentalidad. Algunos estudiosos han hecho una lectura mitológica, identificando a los personajes con Atenea y Prometeo y a los soldados con los dioses enojados. Otros han reconocido en ellos las personificaciones de la Furia y la Guerra, que encarnan la irracionalidad del ser humano, dirigiéndose hacia la Paz. Pero en ningún caso se ha dado una interpretación que convenza a todos.

Esta pintura está resuelta con un colorido luminoso donde el rojo del manto que envuelve a la figura femenina y del penacho del soldado de primer plano contrastan con la paleta habitual compuesta por ocres, negros, blancos, y el toque de gris azulado, que aportan un efecto de lejanía en la escarpada roca del desolado paisaje.

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