ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
Este magnífico lienzo del Veronés, pintado hacia 1580, fue adquirido por Velázquez en Venecia en su segundo viaje a Italia (1649-1651). En él se representa el inicio de la famosa historia veterotestamentaria del libro de Daniel. El suceso tuvo lugar en Babilonia, en casa de un rico hombre llamado Joaquín. Su esposa, la bella Susana, justa y temerosa de Dios, acostumbraba a pasear por el gran jardín de la mansión. Dos jueces que visitaban a menudo al marido, ancianos envidiosos y rijosos, se encapricharon de Susana y solían espiarla. Un día que Susana se daba un baño, los dos viejos entraron en el jardín e intentaron forzarla pero ella se resistió. Hasta aquí la parte representada con más frecuencia por los pintores por evidentes razones dramáticas. Como Susana no cedió a sus amenazas, los ancianos jueces la acusaron públicamente de adulterio. Su falso testimonio fue puesto al descubierto por el sabio Daniel, que devolvió así el honor a Susana. Veronés escoge el jardín de una villa italiana del siglo xvi como escenario: Susana está junto a la fuente y apenas llega a cubrir su desnudez ante la llegada de los lujuriosos y malencarados ancianos. Al fondo se alza una esplendida casa de dos pisos. Abajo, separadas por columnas, se abren unas grandes ventanas rematadas en frontón. A través del pórtico de entrada se vislumbra el jardín del otro lado. El segundo piso o piano nobile consiste en una loggia a modo de fachada de templo clásico con un frontón partido que cobija un balcón o ventana tipo «serliana». Dos grandes terrazas con balaustradas se disponen en las alas.
La casa pintada por el Veronés se inspiraba claramente en las famosas villas de Palladio, si es que no copiaba algún alzado del propio arquitecto. El Veronés y Andrea Palladio habían coincidido en la villa Maser de la familia Barbaro. Cuando Palladio concluyó la mansión, en 1558, Daniele y su hermano Marcantonio, de amplia formación humanística, encargaron al Veronés la decoración de las habitaciones del piano nobile con frescos de contenido alegórico. Palladio creó un nuevo modelo de mansión de campo, adaptada a las necesidades de las adineradas y cultas familias italianas del siglo xvi. De un lado, las villas eran lo suficientemente lujosas y distinguidas (inspiradas en la arquitectura de la Antigüedad clásica) como para hacer ostentación de riqueza y poder; de otro, poseían las instalaciones adecuadas para la explotación de las tierras familiares. Las villas de Palladio adquirieron tal fama que no fue el Veronés el único pintor en incluirlas en sus cuadros. También lo hizo El Greco, gran admirador del arquitecto de Vicenza, a quien conoció en persona y retrató (el lienzo se conserva en el Museo Estatal de Copenhague). El cretense poseía incluso una copia de Los diez libros de arquitectura de Vitruvio en la edición veneciana de Daniele Barbaro de 1556 con dibujos de Palladio. En 1570 apareció el tratado de arquitectura escrito por el propio Palladio, titulado Los cuatro libros de arquitectura, un verdadero manifiesto de la arquitectura moderna.