Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 10 de agosto de 2010

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

Amor virtutis alium Cupidinem superans

Por Elena Paulino Montero

José de Madrazo fue uno de los principales difusores del neoclasicismo pictórico en España y, dentro de su generación, el artista que disfrutó de un mayor éxito. Estuvo pensionado en París, donde estudió con Jaques-Louis David, y más tarde en Roma, donde amplió su formación y entró en contacto directo con la Antigüedad clásica. Fue en estos años de estancia en Roma, concretamente en 1813, fecha que aparece escrita en el lienzo junto a la firma, cuando realizó esta «Alegoría moral», tal y como figura en el inventario del Museo del Prado.

El tema de este cuadro, el triunfo de la virtud sobre el amor carnal, había sido expuesto por Alciato en su emblema CX (Amor virtutis alium Cupidinem superans) y había sido recuperado por Mengs, ya que tenemos noticias de que se conservaba una Alegoría del Amor Virtutis suya en la Casita del Príncipe de El Escorial. Habría que destacar que Mengs fue uno de los pintores más estudiados por Madrazo durante su periodo de formación y su influencia aparece con frecuencia, tamizando el rigor neoclásico de la escuela de David.

En líneas generales, debe señalarse que tanto Madrazo como sus contemporáneos pensionados se vieron atraídos por este tipo de temas alegóricos clásicos tras su paso por Roma, donde redescubrieron la pintura renacentista y del clasicismo boloñés del siglo xvii. En esta obra, Madrazo se desmarca de sus contemporáneos y demuestra su erudición al citar directamente el modelo iconográfico del ya mencionado emblema de Alciato, en el que el genio alado de la virtud ata a un árbol al derrotado Cupido. Sitúa la escena en un momento posterior, en el que Cupido ya está atado al árbol y el genio, sentado en primer plano, eleva una corona de laurel, símbolo de su victoria. A los pies de la Virtud, a modo de trofeo y enfatizando su victoria, aparecen las armas de Cupido: el arco y las flechas.

En este cuadro, Madrazo se aparta un tanto del estricto neoclasicismo francés que había desarrollado durante su estancia en París e, influenciado por el ambiente romano, vuelve a su primer modelo formativo, la pintura de Mengs. Tanto la figura de la Virtud, personificada en un genio alado de aspecto andrógino, como Cupido presentan formas blandas, suaves y delicadas, con contornos difuminados, aunque en el modelado de la túnica y sus pliegues se aprecia de nuevo la influencia davidiana. El paisaje de fondo es extremadamente minucioso, como se puede apreciar en la representación de las hojas de los árboles o en las flores, y también remite a la pintura renacentista.

A su regreso a España, en 1818, Madrazo presentó este cuadro en la corte con gran éxito. Fue especialmente apreciado por la reina María Isabel de Braganza y diez años después ya se encontraba en el Museo del Prado, procedente de las colecciones reales.

Ver todos los artículos de «Claroscuro»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es