Arte / Claroscuro
Por Marta Poza Yagüe
En 1930, D. Xavier Laffite lega al Museo del Prado un lienzo que, pese a estar firmado y fechado: Jusepe de Ribera español / F. 1638 (ángulo inferior izquierdo), ha sido objeto de discusión por parte de los especialistas durante varios años.

José de Ribera (1591-1652): Vieja usurera (detalle)
Óleo sobre lienzo, 76 x 62 cm
Núm. de inventario: 2506
De medio cuerpo, la figura de una anciana que sostiene una balanza con una de sus manos, se presenta ante el espectador apenas recortada sobre un fondo neutro, indefinido. Sólo su rostro y la mano elevada, bruscamente iluminados, ofrecen una visión nítida que posibilita el análisis de sus rasgos fisonómicos. La espalda encorvada, los ojos pequeños bajo los que surgen abultadas ojeras, los pómulos fláccidos y las pronunciadas arrugas que surcan su faz son claro indicio de la edad, pese a que el cabello aún oscuro y la piel tersa del dorso de la mano parezcan contradecirlo. De excelente factura, acude de inmediato el recuerdo de los retratos de filósofos y de algunos apóstoles de Ribera, cuyos modelos, lejos de ser prototipos idealizados, son tipos populares, figuras tomadas de la realidad cotidiana, mendigos incluso algunos de ellos con sus vestiduras raídas, pero a los que el pintor de origen valenciano no resta por ello ni un ápice de dignidad. Así nuestra anciana, de indumentaria desgastada, rota ya sobre el hombro, no ha sido ridiculizada por su condición. No presenta ni la mirada avariciosa, ni la siniestra sonrisa con que solían ser caracterizados los usureros por aquellos años. Al contrario, aquí la emoción está contenida, con la mirada concentrada, dirigida sólo hacia el contenido de los platillos que posiblemente sean su único recurso para sobrevivir. No es un retrato altivo, porque no lo es el oficio; pero tampoco se incide en los aspectos más negativos de su forma de vida.
El color, basado en una paleta de ocres y marrones, está aplicado mediante pinceladas densas que definen de forma minuciosa cada uno de los detalles. La iluminación, que hunde sus raíces en el tenebrismo caravaggiesco, viene a subrayar, con más fuerza si cabe, el naturalismo representativo del momento.
El lienzo, del que existe una versión más pequeña en la Pinacoteca de Munich, hace ya décadas que fue identificado por Augustus Mayer con aquella mezza figura di una vecchia che pesa oro, que ingresó en el Museo Napoleón procedente de la Pinacoteca Real de Capodimonte. En fechas más próximas, el Prof. Pérez Sánchez ha defendido su autoría, negando cualquier tipo de duda sobre la autenticidad de la firma.