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Jueves, 30 de agosto de 2007

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LITERATURA

Marco Schwartz: un salmo cervantino*

Por Luis Alonso Girgado

Con El salmo de Kaplan (2006) el colombiano (o hispanocolombiano) Marco Schwartz ha obtenido el Premio «La otra orilla» de narrativa. De origen judío (su novela está salpicada de algunos términos del yidish) y afincado en Madrid, Schwartz, de quien conocíamos Vulgata Caribe, su primera novela, se dedica al periodismo, actividad en la que también ha sido distinguido con algún importante premio. El salmo de Kaplan se inscribe en la actual pluralidad de líneas de la novelística colombiana en su intento de distanciación del tópico de la constante de la violencia y, más concretamente, es manifestación de una veta humorística en la que están Ricardo Silva, Héctor Abad o Daniel Samper Pisano y algún otro.

Una comunidad judía en el trópico. Un judío —Jacobo Kaplan— viejo y cascarrabias y el rebrote de los refugiados nazis (la organización Aurora y su jefe el profesor, a cuya busca y captura se lanza el atrabiliario Jacobo) son los tres ingredientes de una novela de estructura episódica y de clarísima inspiración quijotesca. En efecto, el sueño heroico del viejo Jacobo (redimir a su familia, auparla, en honra y fama para futuro ejemplo del pueblo judío) le arrastra, cegado por la obsesión, a la captura del «criminal nazi», empresa desaforada en la que le acompaña el policía Wilson Contreras, un pobre diablo bebedor y parlanchín, pero comprensivo y hasta bondadoso. Y en tal proceso de búsqueda, en la tragicómica «cacería del nazi» discurre la divertida anécdota de una novela humorística en la que el humor se rodea de bondad, de comprensión, de tolerancia para todo y para todos o casi todos.

En ese humor está Cervantes, como también en la estrafalaria pareja del señor (Jacobo) y su ayudante (Wilson), en la combinación de los contrarios puntos de vista de uno y otro, en sus jugosas discusiones, en el manejo de los refranes, en la alternancia de chifladura y cordura en ambos y en el arrepentimiento y lucidez finales de Jacobo. Novela, pues, y por fortuna, escrita a la sombra de Cervantes e interesada en una visión irónica y transgresora de los principios de la tradicional moral judía, pervertidos en la pequeña comunidad de Santa María en la que «los valores milenarios de la rectitud y la justicia habían entrado en un proceso irreversible de descomposición» (pág.166).

Tiene Marco Schwartz un ingenio narrativo divertido y juguetón con el que burla y hasta escarnece a algunos de sus personajes, que disfrutan sin embargo del afecto y la ternura del autor, respetuoso con la heterodoxia y burlón con los extremos fundamentalistas del judaísmo recalcitrante. Los matices irónico-burlescos son un constante contrapunto excesivo en esta novela escrita con notable finura estilística y socarrona intención. El reflejo de las diferencias generacionales, la entrañable humanidad de los personajes, la patética persecución del ideal y la gloria por el maltrecho Jacobo Kaplan y los perfiles de autenticidad de la vida colombiana en el medió rural —vida tan ajena y distinta a la de la comunidad judía— son otros tantos reflejos de esta novela tan llena de frescura y de inocencia, pero tan sabia en su reflexión sobre las debilidades y flaquezas del ser humano y sobre el fracaso de nuestro proyecto existencial y nuestros sueños.

Premio que parece más que merecido, el de esta novela cuya lectura contiene sin duda un premio para el lector: el disfrute de una lectura que atrae vivamente y se adueña de nuestra atención desde su primera página. Verán que sí.

NOTA
* Publicado en Nordesia, Diario de Ferrol, 9 de abril de 2006.Volver al texto

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