Arte / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
San Ramón Nonato es uno de los santos más característicos de la orden de la Merced Calzada. Al igual que San Pedro Nolasco, transcurre su vida en el siglo xiii. Procedente de la diócesis ilerdense de Solsona debe su nombre a que su nacimiento se produjo después de haber fallecido su madre. La leyenda dice que fue la Virgen de la Merced la que le pidió al santo que ingresase en su Orden tras aparecérsele mientras trabajaba como un pobre pastor. Conoció a San Pedro Nolasco y no dudó en partir hacia el norte de África para redimir a cautivos de una prisión que el propio San Ramón acabó padeciendo. El papa Gregorio IX le premió con el capelo cardenalicio en 1239, tras lo cual fallece poco después en la ciudad de Cardona.

Diego González de la Vega (ca. 1628-1697): Jesucristo corona a San Ramón Nonato (detalle)
Lienzo, 136 x 199 cm
Núm. de inventario: 3816
El lienzo, concebido como un antiguo cuadro flamenco en el que se solapan diversas escenas, nos cuenta tres episodios de la vida de San Ramón. En uno de sus lados vemos al Santo despojándose de su capelo para cubrir a un pobre anciano al que llevó a su convento para que pudiese comer algo. La tradición considera que el indigente no era otro sino el propio Cristo, quien por la noche, y a modo de reconocimiento por su caritativa actuación, se aparecería a San Ramón junto a su madre la Virgen María. La Virgen le ofreció una corona de rosas que el Santo rechaza tal como se ve en el otro extremo del lienzo, mientras que Cristo le corona con otra de espinas que ahora sí acepta con gozo tal como observamos en el centro del cuadro. Este lienzo se hallaba en la escalera del convento madrileño de la Merced Calzada y desde allí tras la desamortización pasó a formar parte del Museo de la Trinidad como paso previo a su ingreso en el Museo del Prado. Tal como reza la firma que se conserva en el ángulo inferior izquierdo de la pintura, sobre el pavimento, fue realizado por Diego González de la Vega en 1673. Se trata de un pintor que desarrolla su profesión en la corte madrileña, donde nace hacia 1628. Se forma en el taller de Francisco Rizzi y su arte se caracteriza por sus cuidadas composiciones, por la elegancia de sus personajes, por la delicadeza con la que dispone los colores, así como por una pincelada vibrante y por el perfil afilado de sus personajes que tanto recuerdan a las obras de su maestro.
También se hace eco de la obra de otros artistas caso de Francisco Camilo y de Claudio Coello de los que toma respectivamente el canon alargado de las figuras y el gusto por los marcos arquitectónicos. Sus obras participan de su propia experiencia espiritual, ya que tras quedar viudo su profundo sentimiento religioso le llevó a hacerse sacerdote y por ello numerosos lienzos realizados en su etapa final los firmará como presbitero. Entre sus trabajos podríamos señalar también el retablo que realizó para el Hospital de Antezana de Alcalá de Henares dedicado a San Ignacio de Loyola, o la Virgen del Carmen de los Carmelitas de Alba de Tormes, entre muchas otras obras.