Arte / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
De nuevo nos hallamos ante el recurso habitual del Siglo de Oro de enmascarar un episodio de la Historia Sagrada bajo la apariencia de una supuesta escena de género que se explica mediante otras que se intuyen en el fondo de la composición, tal como hacía el propio Velázquez en algunos de sus lienzos.

Juan de Sevilla y Romero (1643-1695): El rico Epulón y el pobre Lázaro (detalle)
Lienzo, 110 x 160 cm
Núm. de inventario: 2509
En este cuadro se relata la parábola del «Rico Epulón y el pobre Lázaro» contada por Jesús a los fariseos y recogida en el Evangelio de San Lucas (Lc. XVI, 19-31). El rico Epulón celebraba continuamente suculentas y abundantes comidas, mientras que a la puerta de su casa permanecía el pobre Lázaro a la espera de que alguien le ofreciera las migajas de tan opíparas celebraciones para poder subsistir. Nadie se acordaba de él salvo los perros que le lamían sus llagas. Ambos, el rico y el pobre, fueron igualados por la muerte, tal como vemos al fondo del cuadro en donde el magnate aparece en su trance final rodeado y llorado por los suyos. Lázaro fue llevado por los ángeles al seno de Abraham, tal como se adivina en el ángulo superior derecho, mientras que el ostentoso Epulón terminó en el infierno, donde de nada le sirvieron sus ruegos y lamentaciones. Cristo de esta forma explica la importancia de los hechos llevados a cabo en vida por los hombres así como la ceguera de éstos ante los mensajes de Dios transmitidos por Moisés y los profetas.
Juan de Sevilla, oriundo de Granada es uno de los mejores continuadores de la obra de Alonso Cano junto a Pedro Atanasio Bocanegra. Recibió su formación de la mano de Alonso Argüello y de Pedro de Moya. En esta magnífica obra el autor da muestras de conocer las suntuosas composiciones venecianas del siglo xvi en medio de grandes arquitecturas, e igualmente parece aludir a ciertas obras de Murillo, el mejor pintor del momento, tal como se hace patente al comparar este lienzo con los que realiza el sevillano para el Hospital de la Caridad o para la iglesia de Santa María la Blanca de la capital hispalense, entre otros, donde se atisban ciertas relaciones compositivas a la hora de abordar episodios de la Historia Sagrada. Maneja con maestría el juego de luces que le sirve tanto para marcar el sentido dramático de la narración como para incidir en la perspectiva y profundidad de toda la composición. Además da muestras de erudición al recordar el grupo de Lázaro y el sirviente que lo incrimina, a modelos miguelangelescos que seguramente pudo conocer Juan de Sevilla mediante grabados.