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Lunes, 13 de agosto de 2007

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LITERATURA

Méndez Guédez: el viajero inverso*

Por Luis Alonso Girgado

Juan Carlos Méndez Guédez (Barquisimeto, 1967) es un venezolano que forma parte del importante grupo de escritores hispanoamericanos que residen en España. Doctor en literatura, presente en varias antologías de cuentos, autor de la novela El libro de Esther (1999), nominado para el Premio Rómulo Gallegos, Méndez Guédez ha sido finalista del Premio Fernando Quiñones de narrativa en su edición de este año con Una tarde con campanas (2004), una novela de hermoso y poético título que seguramente es la que, con otro no menos poético, el de Árbol de luna, se anunciaba en la contracubierta de La ciudad de arena (1999), libro de cuentos en el que reencontramos algunos relatos del libro Historias del edificio (1994), que representa los primeros pasos de la narrativa del escritor.

Un escritor que tiende inequívocamente a lo breve y fragmentario y el conjunto de secuencias que se articulan en la crónica de la emigración, que es en definitiva Una tarde  con campanas, lo corrobora. La voz infantil de Jose Luis, con sus notas de ingenuidad y ternura, de naturalidad y espontaneidad, es el muy convincente nexo de un conjunto narrativo que quiere reflejar, una vez más, la problemática humana y familiar del fenómeno migratorio visto en su condición actual de viaje inverso: el de una familia venezolana que se instala en Madrid e intenta salir adelante. Los sucesivos motivos narrativos (estrecheces económicas, punzantes nostalgias, crisis de convivencia familiar etc.) que aquí se barajan son previsibles, predecibles.

La historia impone el difícil día a día de los personajes, su pequeñez de horizontes, sus aparentes tempestades: el pan y la sal de la adaptación, de la siempre difícil convivencia, del aprendizaje frente a una nueva realidad. Registra así el niño, sin resabios ni prejuicios, todo un cúmulo, de vulgar cotidianeidad no exenta de heridas y dolor, de no pocas trampas y mezquindades, pero tampoco de situaciones cómicas contadas con gracia.

Las tres secuencias nocturnas son manifestación de la tendencia lírico-fantástica del escritor, tendencia que tiene su contrapunto en la violencia y, bajando el diapasón en los filos dramáticos de la soledad y la locura y en el melodramatismo de ciertas escenas y diálogos. Domina Méndez Guédez toda una gama de registros expresivos, es sumamente intenso en ocasiones y por las páginas de su novela desfilan personajes dotados de auténtica humanidad, doblegados por la vida pero al tiempo, hondamente vitales y resistentes en el camino de la sobrevivencia. Una tarde con campanas es un texto narrativo habitado de desequilibrios y contrastes, pero en el que todo logra mantenerse en pie, aunque nada sea definitivo. Novela de aprendizaje y de revelaciones, posee una belleza que va más allá de lo verbal, que alcanza lo onírico y que se enraíza en los personajes y en una cosmovisión en la que al fin triunfa la armonía pese a algunos derrumbes y tristezas.

NOTA
* Tomado de El Correo Gallego, domingo 8 de mayo de 2005.Volver al texto

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