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Martes, 7 de agosto de 2007

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Arte / Claroscuro

Marouflage

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Entre el verano y el otoño de 2006 el Museo del Prado acogió una magnífica exposición titulada «El trazo oculto», organizada por el Gabinete de Documentación Técnica del propio museo, y que tuvo como fruto un interesantísimo catálogo editado por Gabriele Finaldi y Carmen Garrido. En la exposición se presentaban una serie de pinturas de los siglos xv y xvi en la que se dejaba al descubierto los dibujos subyacentes previos a la obra definitiva gracias a las posibilidades que permite la utilización de la reflectografía infrarroja. Mediante dicha técnica de investigación puede estudiarse el fascinante mundo del proceso creativo del artista, sus ideas iniciales, sus cualidades como dibujante, el pulso de su trazo, los arrepentimientos, los cambios compositivos, las técnicas de dibujo utilizadas, la intervención de varias manos en una misma obra, etc. Se abre ante nuestros ojos todo un universo de posibilidades dirigidas tanto al estudio teórico de la obra pictórica como al mundo de la conservación y restauración de la misma, y más si tenemos en cuenta que es muy difícil poder contar con dibujos preparatorios de los artistas medievales y del inicio de la Edad Moderna.

Ilustración. Jan Gossaert, conocido como Mabuse (ca. 1478-1533): «Cristo entre la Virgen María y San Juan Bautista» (detalle)

Jan Gossaert, conocido como Mabuse (ca. 1478-1533): Cristo entre la Virgen María y San Juan Bautista (detalle)
Óleo y dorado sobre papel y tabla, 122 x 133 cm Núm. de inventario: 1510

Esta magnífica tabla de Jan Gossaert, comúnmente conocido como Mabuse, estuvo originariamente en El Escorial desde tiempos de Felipe II y desde allí pasó al Museo del Prado en 1839. Desde antiguo se defendió la evidente relación de esta pintura con los modelos de Van Eyck presentes en el gran políptico del Cordero Místico de San Bavón de Gante (Bélgica). En la amplia ficha catalográfica elaborada por Ana González Mozo se nos explica cómo el Maestro Mabuse dibujó o incluso calcó de algún modelo, seguramente del propio Van Eyck, sobre papel y de forma independiente al resto de la pintura, las tres cabezas de Cristo, la Virgen y de San Juan Bautista. Papeles que fueron posteriormente pegados sobre la tabla y sobre los que se aplicaría finalmente la pintura. Técnica que se conoce con el nombre de marouflage. Igualmente González Mozo nos ilustra paso a paso respecto al proceso de la obra, sobre la distribución del espacio, sobre las técnicas de dibujo presentes en la obra (punta metálica, piedra negra, pincel), e incluso sobre la posibilidad de que el dibujo del ángel pudiera pertenecer a un discípulo del maestro, quizá a Jan van Scorel.

En definitiva, son infinitos los matices que gracias a la utilización de las más modernas técnicas nos está mostrando el mundo de la restauración. La historia del arte tal como la concebíamos hasta ahora ha quedado claramente obsoleta. Ahora más que nunca se impone la necesidad de la creación de equipos multidisciplinares para el estudio del Arte.

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