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Martes, 9 de agosto de 2005

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Arte / Claroscuro

Catalina la Grande

Por Juan Carlos Ruiz Souza

No son muchos los cuadros de la escuela rusa que se conservan en el Museo del Prado. Uno de ellos es este retrato de Catalina la Grande salido de los pinceles de Fedor Rokotov y que, durante mucho tiempo, fue considerado de la Escuela Francesa. Es uno de los retratistas más importantes de la corte de Catalina II y a él debemos la imagen de la sociedad rusa más elevada del momento. Su formación no puede comprenderse sin la influencia que recibe de la pintura italiana y francesa. Debemos recordar a Pietro Rotari, importante retratista que recibe su formación en su Verona natal, en Venecia y en Roma; tras recorrer la Europa central y las cortes de Dresde y Viena acude a San Petersburgo tras recibir la llamada de la emperatriz Catalina, para desempeñar el cargo de primer pintor de la corte.

Especial mención merece en la formación de Rokotov el nombre de Louis Joseph Le Lorrain, quien fue ilustrador de libros, pintor de arquitecturas, de temas religiosos y mitológicos, así como diseñador; al final de su carrera fue nombrado director de la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo en 1758, un año antes de morir. De origen germánico, Catalina II, vulgarmente conocida como Catalina «La Grande», llegó a Rusia tras contraer matrimonio con el futuro zar, el duque Pedro, a quien Catalina supo apartar a un segundo plano, ante sus ambiciones irrefrenables de poder. Participó del ambiente ilustrado que traían los vientos de Francia. Mantuvo comunicación con los autores de la Enciclopedia y especialmente con el filósofo Voltaire.

A pesar de sus empeños de reforma en la enseñanza, en el ámbito militar, en el comercio y en la industria, y de su popularidad, no consiguió transformar una sociedad que hundía sus raíces en el mundo medieval; tan solo se vio una mayor europeización entre las capas más elevadas de la nobleza y de la burguesía incipiente, que se demuestra por ejemplo en una mayor demanda de obras de arte occidentales. Así se crea el ambiente cultural que explica la obra de artistas de la categoría de F. Rokotov. Al final, su política imperialista, que se extendía desde el Báltico a Turquía, redundó en una mayor diferenciación entre los diferentes estamentos del pueblo ruso. Bajo su reinado se fundó en 1783 la Academia Rusa.

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