Arte / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
Barcelona era, en la segunda mitad del siglo xv, una de las tres capitales más pobladas de la Península y su urbanismo manifestaba el auge del Principado en las décadas precedentes. En 1502, el caballero flamenco Antonio de Lalaing decía de ella: «Barcelona es muy manufacturera, bien pavimentada; sus calles son estrechas; las casas, hermosas y altas, todas de piedra y llenas de mujeres muy ostentosas y compuestas. Y aparecen allí los más hermosos trabajos de vidrio y de cera que se hayan hecho en el mundo». Otro viajero, esta vez alemán, Jerónimo Münzer, que visitó la Ciudad Condal en 1494, resaltaba la independencia jurídica y económica de la ciudad, al tiempo que elogiaba la magnífica sede del Consejo Municipal y el Palacio de la Generalidad, edificios ambos de los siglos xiv-xv, o la Lonja de mercaderes, concluida a principios del siglo xv, el momento de mayor actividad comercial del puerto barcelonés.
En esas mismas fechas, el panorama pictórico del Principado catalán estaba dominado por Luis Dalmau, pintor activo entre 1428 y 1461. Dalmau estuvo al servicio de Alfonso V el Magnánimo y por orden de éste hizo un viaje a Flandes entre 1431 y 1436, donde probablemente pudo conocer a Jan Van Eyck (1390-1441). Dalmau, cuyo estilo es deudor de aquel gran pintor flamenco, introdujo el ars nova, o realismo nórdico, atento a los detalles y a las texturas, con un cromatismo más vivo gracias al uso del óleo. Su obra maestra es la Virgen de los Consellers (Museo Nacional de Arte de Cataluña), pintada entre 1443 y 1445 por encargo del Consell de Cent de Barcelona para la capilla del Ayuntamiento.
Tras la desaparición de Dalmau hacia 1461, tomó el relevo Jaume Huguet y su taller, protagonista desde 1464-1465, en que recibió el encargo real de pintar el retablo de la Capilla de Santa Ágata del Palau Reial Major, hasta su muerte en 1492. Ni siquiera Bartolomé Bermejo, que llegó a Barcelona en torno a 1486, le hizo sombra. Huguet colaboraba a veces con el taller de la familia de los Vergós y otros artistas que realizaban encargos secundarios.
Jaume Huguet nació en Valls (Tarragona) hacia 1412, pero su primera obra documentada data de 1454, lo que crea problemas a la hora de conocer su formación y seguir su evolución artística. Huguet es considerado el último gran pintor catalán del gótico y junto a él se formaron muchos de los artistas catalanes y aragoneses de finales del siglo xv. Su estilo recoge en parte las enseñanzas flamencas de Dalmau, a las que suma elementos de tradición local y de pintores italianos, franceses y flamencos contemporáneos. Se le atribuye una famosa y enigmática tabla conservada en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, San Jorge y la princesa, una escena que parece sacada de una leyenda caballeresca medieval. La obra conservada en el Museo del Prado, si bien sólo es un fragmento del banco de un retablo, una «Cabeza de Profeta», muestra las características más sobresalientes de este pintor.