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Martes, 17 de agosto de 2004

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Arte / Claroscuro

Valencia, tierra rica donde las haya

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Los viajeros que llegaron a España a lo largo de los tiempos cantaron todo aquello que les llamaba la atención. La Alhambra de Granada, el Acueducto de Segovia, el Alcázar de Sevilla, la Catedral de Toledo, la Universidad de Salamanca, la Mezquita de Córdoba, y tantos otros monumentos aparecen una y otra vez en los relatos de aquellos extranjeros que visitaron la Península. Pero no sólo se fijaron en las piedras y en las aventuras épicas que tanto adornan la historia, también escriben sobre todo lo que les llama la atención, las fiestas, la gastronomía, la forma de ejecución de los reos condenados a muerte, los paisajes y los cultivos. Sin lugar a dudas respecto a los cultivos y la cerámica, Valencia es la que más destaca respecto a otras tierras, por la variedad de sus frutos y la calidad de sus productos cerámicos.

Ya que ahora, en 2004, celebramos el V centenario de la muerte de la reina Isabel la Católica, veamos la imagen que nos transmiten algunos de los viajeros que visitaron su corte. El noble polaco Nicolás de Popielovo, que vino a España en 1484, al visitar el reino de Valencia escribe: «Aquellas comarcas son ricas en higos, vinos y otras frutas, hasta con exceso». En 1495 el famoso médico de origen austriaco, Jerónimo Münzer, autor del relato de viaje más interesante del final de la Edad Media por la riqueza de datos que ofrece, nos habla con asombro de los cultivos, cerámica y gentes del reino de Valencia. Tras recorrer sus tierras escribe:

Toda esta llanura riégase con el agua de los ríos que proceden de los montes, conducida por numerosas acequias; es feracísima en olivos, granados, limoneros, cidros y demás árboles frutales, y creo que en el resto de Europa no se hallará otra comarca marítima en la que se produzcan frutas tan exquisitas [...]

Y respecto a la cerámica le llama la atención la famosa loza dorada valenciana al apuntar que allí «[...] fabrican ollas de tal tamaño [...] trabajadas y pintadas de un modo singular, porque hacen el efecto de estar decoradas con oro y plata; naves enteras se envían cargadas de este producto con destino a Venecia, Florencia, Sevilla, Portugal, Aviñón, Lyón, etc.». El mismo Münzer se detiene en su famosa lonja: «Ahora están levantando un gran edificio, al que dan el nombre de Lonja, en donde se congregan los mercaderes a tratar de sus negocios; tiene considerable altura, es de piedra de sillería y descansa sobre artísticas columnas»; y alaba a las propias gentes de Valencia: «Los habitantes de la ciudad, así hombres como mujeres, acostumbran pasear por la noche por las calles, en las que hay tal gentío que se diría estar en una feria, pero con mucho orden, porque allí nadie se mete con el prójimo». Qué maravilla poder comprobar la actualidad de semejantes comentarios, a pesar de los cinco siglos transcurridos.

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