ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
El que resistir pudo
al animoso Austro, al Euro ronco,
chopo gallardo —cuyo liso tronco
papel fue de pastores, aunque rudo—
Como si de una nueva religión se tratase el euro se abre camino en nuestras vidas a través del bolsillo. Es la palabra más oída y escrita en estos tiempos de cambio de milenio, y ya nadie podrá vivir sin invocarla.
Libros, periódicos, conferencias y reclamos publicitarios, cual estrellas del Oriente anunciaron sin cesar su feliz llegada, y tantas parecían ser sus bondades que incluso pensé en cambiar la iconografía del Belén de las pasadas Navidades. Es el protagonista indudable de nuestras carteras y cartillas, hasta el punto de que pensamos continuamente en él. Esperamos que su compañía nunca nos falte.
Aunque su vida hoy se antoja corta, realmente su nacimiento se produjo hace varios miles de años. Hijo de la Aurora y de Astreo, es uno de los cuatro vientos cardinales, tan importantes para la navegación aérea, marítima y por supuesto también económica. Sus hermanos son Bóreas (viento del Norte), Céfiro (viento del Oeste), y Noto (Viento del Sur). En definitiva Euro es el viento del Este. Los cuatro vivían en la isla Eolia encerrados en una cueva, y se encargaba de cuidarlos por expreso deseo de Júpiter, el hijo de Arne y de Neptuno, Eolo.