ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
Esta impactante escena de Cristo arrastrando la cruz camino del Calvario fue pintada por Sebastiano del Piombo seguramente entre 1520 y 1530. En ella muestra de manera sobrecogedora a un Jesús exhausto y angustiado; su esfuerzo físico es dramáticamente acentuado mediante el escorzo de sus brazos y los maderos de la cruz, en primer plano; la pesadumbre invade asimismo el rostro del Cireneo, que le ayuda, mientras que por detrás de las cabezas de ambos aparece, en penumbra, casi grotesca, la de un brutal soldado romano. Es posible que Sebastiano se viera influido por las composiciones de Tiziano sobre este mismo tema (ya comentadas en Claroscuro) aunque él las dota de una fuerza y una monumentalidad más cercanas a la manera romana, cuyos máximos representantes eran Miguel Ángel y Rafael.
Sebastiano, un hombre refinado y muy religioso, infundía siempre a sus personajes una expresión melancólica y una tensión emocional contenida, como en este caso. El lienzo llegó a España, en concreto a Valencia, junto con otro que se halla también en el Prado, «Descenso de Cristo al Limbo». Pertenecían a la colección de Jerónimo Vich, un noble valenciano que fue embajador de Fernando el Católico y Carlos V ante la Santa Sede hasta 1521. Ambas composiciones ejercieron una gran influencia en la pintura levantina y española de la época.
Sebastiano Luciani, conocido como «del Piombo», nació seguramente en Venecia en 1485 o al menos allí se formó como pintor, siguiendo el estilo rico en cromatismos y en luces difuminadas de Giovanni Bellini y de Giorgione, una luminosidad que nunca abandonó. Además, aprendió a tocar el laúd, siendo un gran virtuoso de este instrumento, según cuenta Vasari en su biografía. Sin embargo, por esas fechas, finales del siglo xv, el mercado artístico veneciano estaba dominado por Tiziano, por lo este joven pintor prefiere encaminarse a Roma en busca de mejor fortuna.
La Sede Pontificia era en aquel momento la capital del arte renacentista: Bramante levantaba la basílica de San Pedro (desde 1508), Miguel Ángel pintaba los frescos de la Capilla Sixtina (1505) y Rafael se encargaba de la decoración de las nuevas estancias papales (1508). En torno a ellos una pléyade de artistas intervenía en esos magnos proyectos de Julio II, León X, Clemente VII y Paulo III. La carrera de Sebastiano pronto se ve impulsada gracias a su amistad con Miguel Ángel, y alcanza su máximo apogeo entre 1516 y 1527.
Precisamente en 1527 se produjo el Saco de Roma, las tropas imperiales de Carlos V invaden los Estados Pontificios y Clemente VII tiene que refugiarse en el Castillo de SantAngelo. En 1531 Sebastiano obtiene de Clemente la dignidad que le dará nombre, la de Piombatore o Frate del Piombo, que era el responsable del sello de plomo del Papa. A partir de ese momento pinta escasas obras, acentuándose su carácter melancólico y abúlico.