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Martes, 7 de agosto de 2001

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ARTE / Claroscuro

Lorenzo Lotto

Por Susana Calvo Capilla

Lorenzo Lotto es uno de los mejores y más enigmáticos artistas del Renacimiento. El que fuera caro pintor de la familia Orsini en la Italia del siglo xvi, aparece a menudo por las páginas de Bomarzo,la maravillosa novela de Manuel Mujica Laínez, así que no hemos podido resistirnos a tomar de ella algunos retazos de la Italia de ese momento, a introducirnos de nuevo en la ensoñación de un viaje a Bomarzo y de volver a los días en que este retrato fue pintado. Lorenzo Lotto, hombre melancólico y poético, había nacido en Venecia hacia 1480, en una familia procedente de Bérgamo, precisamente la ciudad donde pintó en 1523 a esta pareja recién casada.

Fue gran pintor de retratos, capaz de extraer de sus modelos aspectos desconocidos e insondables de su personalidad. Quizá por ello el extravagante y taciturno duque de Bomarzo, Pier Francesco Orsini, encargó su retrato al Magister Laurentius, porque ansiaba descubrirse a sí mismo a través de los ojos del pintor, de la misma forma que había descubierto a su propio padre gracias a un cuadro con su imagen. Reflexionaba Manuel Mujica por boca de su personaje sobre esa faceta del artista, acaso «cada pintor se retrata a sí mismo, porque cada pintor recoge y subraya en el modelo lo que se le asemeja y se activa y brota a la superficie, llamado por su pasión. Cada uno de nosotros se ve a sí mismo en los demás. Somos ecos, espejismos, reverberaciones cambiantes». Cómo no pensar en estas palabras cuando observamos el encantador retrato de estos dos jóvenes desposados bergamascos, sus gestos destilan delicadeza, sus miradas introversión y armonía. Tras ellos, un alegre cupido les coloca el yugo sobre los hombros, símbolo del matrimonio, mientras que Micer Marsilio, ensimismado, pone el anillo a su bella esposa. Los tocados y vestidos, algo ostentosos, algo provincianos, denotan su pertenencia a la burguesía de la pequeña ciudad lombarda de Bérgamo.

Este cuadro, como si de una foto de bodas se tratara, iba precedido, entre las clases nobles y acomodadas de la época, de retratos de cada uno de los novios, entregados a las familias en el momento de acordar la unión matrimonial. Constituían uno de los escasos contactos entre los prometidos antes de las nupcias. Así nos lo relata Pier Francesco Orsini de nuevo, que posó en Venecia ante Lorenzo Lotto poco antes del enlace con su amada Julia Farnese: «como la había visto tan poco y apenas la conocía a través de sus cartas circunspectas, había elaborado de ella una imagen cuyos rasgos eran hijos de mi fantasía. Me paraba delante de su retrato por Sebastiano del Piombo, que reproducía admirablemente el encanto de su belleza, y le decía cuanto no me había animado a decirle».

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