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Viernes, 3 de agosto de 2001

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Lengua

Las palabras malsonantes

Por José Martínez de Sousa

Dice la Academia, en su Diccionario (1992): malsonante: «Aplícase a la doctrina o palabra que ofende los oídos de personas piadosas o de buen gusto». Como suele suceder con las definiciones de lengua, esta nos deja insatisfechos. Las personas piadosas o de buen gusto pueden oír una de esas palabras y no asociarla con un sonido desapacible desde ningún punto de vista ni tampoco con el significado que adquiere, que es a lo que se refiere la definición. Si una persona no está en el ajo, el verbo coger significa simplemente «agarrar, asir, sujetar» y de ninguna manera se le ocurriría pensar que en la Argentina y otros países hispanoamericanos también se aplica al acto sexual. El verbo chingar tiene nueve acepciones y solo en una de ellas es, según la Academia, malsonante.

Hay otro grupo de palabras que serán malsonantes o no dependiendo del sentido en que se empleen. Nada de censurable tiene que una madre pida a su hijo que vaya a la tienda y traiga una docena de huevos, pero si el hijo respondiera «No me sale de los huevos», he aquí que la misma palabra, por arte de birlibirloque, se habría convertido en malsonante. Resulta curioso, sin embargo, que la Academia no tache de malsonante la palabra chocho en su acepción de «vulva» ni picha en su acepción de «pene», y no cabe la menor duda de que son tan malsonantes, en ese sentido, como joder, «practicar el coito», o cojón, «testículo», que están marcadas como malsonantes.

Y aun otro grupo en el que se inscribirían los insultos, como maricón, cabrón, puta, que la Academia ni considera malsonantes ni marca de otra manera.

Así pues, por palabra malsonante habría que entender solamente las que fonéticamente resultan ingratas al oído, como pueden ser, por ejemplo, por su monotonía o aliteración, voces como bonoloto, chachalaca, chipichipi, tocomocho, tocororo, colobolo y otras que recoge la Academia (curiosamente, la Academia no admite tocomocho). Las que hoy considera malsonantes de forma tan irregular, podrían dividirse así: a) palabras poco eufónicas: bonoloto, gamberro chipichipi; b) palabras ofensivas: puta, maricón, cabrón; y c) palabras socialmente inconvenientes: coño, cojones, joder.

Por lo demás, este tipo de palabras se usan solamente cuando la situación lo justifica. En los demás casos pueden convertirse en una grosería o en una falta de delicadeza.

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