Literatura
Por José Jiménez Lozano
No hay que ser un partidario de las fórmulas —como no sea en matemáticas y en química— porque tienen el gran peligro de convertirse en píldoras, y entonces vamos y nos las tomamos, y creemos que todo está solucionado.
¿Cuánto tiempo, en efecto, no llevamos viviendo de eslóganes en todos los planos de las cosas? Pero también llevamos tiempo en el mayor de los desórdenes, que van desde la «a-ilustración» al olvido de la historia y la destrucción de los valores morales y sociales. Y entonces a lo mejor por eso, incluso, los eslóganes o píldoras para pensar tienen tanto éxito; porque las gentes quieren agarrarse aunque sea a un clavo ardiendo.
Para este estado de confusión, Esteban Pinilla de las Eras, como previéndolo, encontraba hace ya años que no estaba nada mal —y ahora hay que decir que incluso está muy bien— aquella especie de credo de don Eugenio dOrs que reza así:
Contra naturaleza, cultura; contra la vida cósmica, el canon de la vida humana; contra el romanticismo, el clasicismo; contra el ruralismo, la ciudad; contra la calle, la universidad; contra el pluralismo, la civilidad; contra la sinceridad, la urbanidad; contra la espontaneidad, el tono; contra el libertinaje, el soneto; contra el fanatismo, la ironía; contra el capricho, la norma; contra el exabrupto, la gramática; contra el verismo, la arbitrariedad; contra el trabuco, la sonrisa; y contradictorio Víctor Hugo, La Fontaine.
Es todo un programa de civilidad, y desde luego que sería muy interesante incluirle como objetivo en los tres estadios de la enseñanza. Quizás merezca hacer la prueba.