Cultura y tradiciones
Por Julia Escobar
La influencia que ejercen unas culturas sobre otras está fuertemente condicionada por su papel político. Todos sabemos que en la historia se producen fluctuaciones en las relaciones de poder entre los diferentes pueblos y que unos tienen entonces más prestigio que otros y se convierten en paradigmas envidiables. Los ejemplos son conocidos por todos.
Pero una cosa es la influencia de una cultura invasora que se impone a las demás por criterios políticos o comerciales, y otra la influencia libremente asumida que se ejerce a través de estudios, trabajos, viajes, relaciones amorosas, etcétera y que viene a enriquecer, y a la larga tal vez a modificar, las costumbres nativas.
Esta vía de contagio es siempre bien venida y aunque el resultado a veces puede parecer disparatado, acaba siendo digerible y digerido.
Los españoles estamos muy sensibilizados ante este tema de las influencias lo que produce a veces un reforzamiento del casticismo que a la larga se vuelve contra nosotros y nos convierte en fácil abono de cultivos ajenos. No hay que rechazar lo extranjero, tan sólo ponerlo en su sitio, en el sitio en que ponen en el extranjero lo español. Es decir, objeto de estudio, de igual a igual, objeto de curiosidad intelectual, amplitud de miras, deseo de conocer cosas diferentes, deseo de cambiar o de permanecer igual, pero con conocimiento de causa, como quien regresa a vivir —ya en la madurez— a la aldea de la que huyó en su juventud porque se le había quedado pequeña.