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Martes, 20 de abril de 1999

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Concurso

Nuestros ganadores

Solidaridad (16 de abril de 1999)

Nos parece correcta la respuesta de Víctor Urién Montero, quien recibirá el premio del Instituto Cervantes.

«Los adjetivos terminados en -io, y a veces en -ío, forman su derivado en -iedad, según los ejemplos aportados en el concurso de hoy, y otros como arbitrario, arbitrariedad; contrario, contrariedad; etc. La terminación -idad no es la que corresponde a estos adjetivos en -io. Sin embargo, se hace una excepción con solidario, que produce solidaridad (término éste de mediados del siglo xix) en vez de *solidarie-dad.

Y es que la forma solidaridad, tomada directamente del francés solidarité,se impuso, pese a que tanto Andrés Bello en el siglo pasado como Menéndez Pidal en el presente defendieran la forma solidariedad».

Un adjetivo a la zaga de un sustantivo (19 de abril de 1999)

Aránzuzu Sánchez Periáñez ha acertado en este concurso con una respuesta que nos parece adecuada:

«Municipal, forestal y analógico no cumplen los requisitos anteriormente explicados, digamos clásicos, de los adjetivos. La razón es que estas palabras van necesariamente unidas a su sustantivo porque son adjetivos que al ir tras el nombre hacen que ambos, semánticamente, sean uno solo: como en reloj analógico. Se dice que son modificadores de sustantivo, porque transforman el significado normal de estos. En estos grupos nominales, el orden en el que se disponen sustantivo y adjetivo es ese y no otro. Analógico reloj, pues, no es otra forma de decir reloj analógico. En resumen, los adjetivos que he extraído no son epítetos ni calificativos. Son modificadores de sustantivo».

La argumentación es correcta, pero es preciso señalar que municipal, forestal y analógico son adjetivos relacionales, es decir, que no expresan una cualidad. Estos adjetivos no atribuyen una propiedad al sustantivo, sino que establecen una relación entre éste y los miembros de la clase que denotan. Además, no pueden ser utilizados como atributo en oraciones copulativas. De modo que «El chico es guapo» sería una forma correcta; enn cambio, «Un reloj es analógico» es incorrecta. Por otro lado, estos adjetivos no son graduales, frente a los calificativos, que sí lo son. La forma «Un chico guapísimo» es correcta, pero no «Un reloj analogiquísmo». Ha de observarse, sin embargo, que existen ciertos adjetivos relacionales como española, en la invasión española, que pueden aparecer como calificativos y, por tanto, pueden ser atributos y, además, graduados, como, por ejemplo, «Esta chica es muy española».

Respecto al concurso del 14 de abril de 1999, Antídotos, del que ya publicamos, y premiamos, la respuesta de Yolanda Redondo Vallejo, debemos confesar que dimos por buena una respuesta un tanto isidoriana, o «sanisidórica», como nos reprende amablemente nuestro colaborador Fernando A. Navarro en el mensaje 7049 del Foro del español de hoy y mañana, que reproduciremos más abajo. Nos disculpamos por ello y rectificamos. Al día siguiente del concurso recibimos una respuesta correcta de José Antonio Sanandrés Ledesma, que —como es de justicia— también será premiada con un libro:

«El metridato recibe su nombre de Mitridates VI Eupator, a quien se atribuye su descubrimiento».

Merece la pena reproducir también el comentario de Fernando A. Navarro, que se extiende en la explicación del origen, para conocimiento de nuestros lectores que no hayan entrado en los foros últimamente (debemos también añadir que al pie de cada concurso se especifica que el premio que se obtiene es un libro):

Título: Origen de 'metridato': concurso con trampa

Autor: Fernando Navarro

Fecha y hora: lunes 19 de abril de 1999, 09:55

Acabo de leer la respuesta que ha dado Yolanda Redondo al concurso del 14 de abril en Rinconete; respuesta, por cierto, que le ha valido un premio del CVC (¿un libro?, ¿un coche?, ¿un pisito quizás?; las bases del concurso no lo dicen), y bien ganado que se lo tiene. En el caso de la triaca, Yolanda ha trazado correctamente la evolución desde el griego “theriaké amtídotos” hasta la moderna triaca (ya en desuso), pasando por el latín “theriaca” y el castellano antiguo “teríaca” o “teriaca”. En el caso del metridato, en cambio, aventura la siguiente explicación, un tanto sanisidórica: “podría ser del griego metron = ‘medida’, y daitos =
‘comida, alimento’, y sería el alimento o sustancia tomada en su justa medida, ‘jarabe, remedio, medicamento’, puesto que los antídotos deben administrarse en una medida proporcionada”. Esta etimología es muy bonita y sería perfecta si no fuera por un pequeño detalle: es falsa. Como la respuesta se ha dado por buena, con el comentario de que “metridato no viene registrada [en el DRAE], curiosamente”, y no me gustaría que los lectores de Rinconete fueran luego repitiendo por ahí esa explicación para el metridato cada vez que se topen con esta palabra en una conversación, intentaré completar la respuesta de Yolanda. Alguien puede pensar que quién me ha dado a mí vela en este entierro, y no le faltaría razón. Como forista asiduo, como etimólogo aficionado y como médico especialista en farmacología (¿qué es el metridato sino uno de los fármacos más famosos de la historia?), no obstante, creo que puedo permitirme, por una vez siquiera, el placer de lucirme con una bonita explicación pedántico-erudita. Vamos allá:

Cuentan los libros de historia de la farmacia que a partir del siglo ii antes de Cristo se extendió en Roma y Grecia la moda de los medicamentos compuestos. Considerados como una creación de Mantías (165-90 a. de C.), de la escuela de Herófilo, los medicamentos compuestos se desarrollarían con gran éxito hasta las triacas (que a veces constaban de más de 40 ingredientes) y el famoso colirio de rosas, formado por 72 ingredientes (cadmía, azafrán, antimonio, cobre, nardo de la India, mirra, goma, opio, etc.) ligados con agua de lluvia. En un principio, estos medicamentos compuestos estaban reservados para los más poderosos. Así, el llamado “remedio de Atalo” lleva el nombre del rey de Pérgamo, Atalo III Filométor (hacia 170-133 a. de C.), para quien había sido creado expresamente por el propio Mantías. El famoso Cratevas Rhizotomus (en griego, cortador de raíces), que ayudaba al rey del Ponto Mitrídates VI (120-63 a. de C.) en sus ensayos de venenos de serpiente con seres humanos, puso a punto para este rey un famoso y complejo antídoto, llamado mitridato, cuya composición no ha llegado hasta nosotros. Ahora, sí resulta evidente por qué “metridato” no viene en el diccionario académico y por qué no tiene nada que ver ni con “metron” ni con “daiton”. Metridato no es más que una corrupción popular de mitridato, que a su vez deriva del nombre propio de
Mitrídates, rey del Ponto.

Y el que no se lo crea, que vaya a cualquier biblioteca y pida un libro sobre medicina helenística o medicina grecorromana. He dicho.»

Contamos con sus respuestas al concurso del 15 de abril de 1999, ¡Eureka!, que aún no ha recibido respuestas acertadas.

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