«En la alta noche, al recorrer la ciudad
que simplifican la dura sombra y nuestro rendimiento quejoso, nos hemos azorado a veces
ante las interminables calles que cruzan nuestro camino y hemos desfallecido apuñalados,
mejor dicho alanceados y aun tiroteados por la distancia. ¡Y en los alrededores del
crepúsculo! Acontecen gigantescas puestas de sol que sublevan la hondura de la calle y
apenas caben en el cielo. Para que nuestros ojos sean flagelados por ellas en su entereza
de pasión, hay que solicitar los arrabales que oponen su mezquindad a la pampa».
(Tomado de «Buenos Aires», en Inquisiciones,
Madrid, Alianza, pág. 89.) |