Lengua
El popular dicho «Quien se fue a Sevilla, perdió su silla» significa que no hay que abandonar el puesto que uno tiene, ni siquiera temporalmente, porque el sustituto puede tener la tentación de quedarse para siempre.
La expresión proviene de un hecho histórico acaecido en tiempos de Enrique IV. Este rey nombró arzobispo de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla, don Alfonso de Fonseca. Como Galicia estaba muy alterada, pidió el sobrino a su tío que fuese a pacificar Galicia, quedándose el sobrino en el arzobispado de Sevilla hasta que don Alfonso de Fonseca concluyese la delicada tarea.
Una vez restablecido el sosiego por el tío, éste quiso volver a Sevilla, pero su sobrino se resistió a dejar la sede hispalense. Tuvieron que intervenir el rey y el Papa para hacer entrar en razón al sobrino.
El dicho debería decir mejor «Quien se fue de Sevilla perdió su silla».
Ver: José María Iribarren, El porqué de los dichos, Gobierno de Navarra, Departamento de Educación, Cultura, Deporte y Juventud - Institución Príncipe de Viana, Novena edición, 1996, p. 15