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Martes, 28 de abril de 2009

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Arte / Claroscuro

Visita de Dionisio a los hombres

Por Susana Calvo Capilla

Entre los cuadros que perecieron en el incendio del Alcázar de Madrid en 1734 había uno de tema mitológico pintado por José de Ribera. El lienzo era de gran tamaño y de él sólo pudieron salvarse unos cuantos fragmentos: dos se conservan hoy en el Museo del Prado, una cabeza masculina y otra femenina; el tercero, la cabeza de un Sátiro, pertenece a una colección particular; y del cuarto, tres «cabezas muertas», se ha perdido la pista.

Ilustración. José de Ribera (1591-1652): «Triunfo de Baco. Cabeza femenina» (detalle)

José de Ribera (1591-1652): Triunfo de Baco. Cabeza femenina (detalle)
Lienzo, 67 x 59 cm
Núm. de inventario: 1122

Los pedazos del lienzo fueron recogidos en el inventario de 1772 como procedentes de un Triunfo de Baco del Spañoleto. En el documento también se dice que el Dionisios coronado con hiedra estaba en el despacho del rey del nuevo Alcázar, mientras que la llamada Sibila, la mujer que apoya su mentón en la mano, estaba en el cuarto del Príncipe. La escena representada en el cuadro no era, sin embargo, un Triunfo de Baco. Gracias a una copia del siglo xvii, hallada en una colección particular, sabemos que lo pintado por Ribera fue una Theoxenia, o «Visita de Dionisio a los hombres». La historia era relativamente famosa en la Antigüedad y se conservan varios ejemplares de un relieve helenístico que la ilustra. En el siglo xvii tres de esos relieves estaban en colecciones romanas (hoy en Museo Nacional de Nápoles, en el Museo del Louvre y en el Museo Británico) y un cuarto en Nápoles, en el palacio del Virrey Duque de Alcalá. Ribera hubo de conocer alguno de ellos, o quizá un grabado del mismo, porque su composición, fechada hacia 1634-1635, retomaba casi al pie de la letra la helenística.

Una leyenda ática parece estar en su origen: Dionisios acude a casa de Icario acompañado de su thiasos o cortejo. El dios, a cambio de la generosa hospitalidad del ateniense, le regaló su vino, el néctar divino que hacía olvidar las penas.

Ilustración. José de Ribera (1591-1652): «Triunfo de Baco. Cabeza de Dionisios» (detalle)

José de Ribera (1591-1652): Triunfo de Baco. Cabeza de Dionisios (detalle)
Lienzo, 55 x 46 cm Núm. de inventario: 1123

En los relieves aparece reflejado el momento en que Dionisio, un hombre anciano (así lo pinta Ribera) y con voluminosa barriga, llega a la casa y encuentra a Icario y a su hija Erigone recostados en un triclinio (la muchacha apoya la cabeza sobre su codo). El mito acaba de manera trágica: convertido en viticultor, el mortal Icario difundió la bebida mágica a todos los habitantes de la región. De acuerdo con Apolodoro (s. ii), los pastores, embriagados por beber el vino sin mezclar con agua, creyeron que habían sido envenenados y mataron a Icario. Al recuperar la sobriedad por la mañana, le enterraron en secreto. Cuando Erigone descubrió, gracias al perro de la familia, que su padre estaba muerto, desesperada se ahorcó de la rama de un pino. En el decorado de la escena, la casa de Icario, hay ciertos elementos relacionados con el teatro como los fondos con cortinajes y arquitectura fingida o las máscaras teatrales sobre un escabel debajo del triclinio (máscaras que Ribera no supo interpretar y que convirtió en ¡cabezas cortadas!). Dado que Dionisios era el protector del teatro e Icario era un poeta trágico y el fundador de la tragedia, algunos especialistas han interpretado la escena como la visita del dios a un dramaturgo.

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