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Viernes, 24 de abril de 2009

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Literatura

Libros clave de la narrativa boliviana (IX). La obra novelesca de Jaime Saenz: Felipe Delgado

Por Marcelo Villena Alvarado

Rápidamente celebrada por la construcción de un personaje cuyo «itinerario espiritual» es también el de un descubrimiento de la ciudad de La Paz, la fama de la primera novela de Jaime Saenz (1921-1986) estuvo siempre ligada a la imagen de un hombre que, mitad vestido de harapos, mitad de vistoso colán, atraviesa los ámbitos del alcohol, el amor, la locura y oscuros meandros de la urbe paceña. La conjunción de una búsqueda de la «verdadera vida» (un Orden, un sentido último y trascendente) y el descubrimiento de una pluralidad de ordenes esquivos (caótica, marginal, informe) no es tarea fácil, por supuesto. Pero este afán y esta fricción explican también la complejidad y la piedad que genera la novela, su virtud y sus desavenencias, su encanto y sus resistencias, pues finalmente se ponen en juego allí los dilemas de una vida consagrada a la obra, de una obra que, desde la poesía y el postrero paso a la ficción, se quiso opción de vida.

En esta encrucijada, Felipe Delgado adopta el registro del Bildungsroman y su temporalidad cualitativa y orientada (un proceso concebido como progreso), mientras explora la fragmentación y la suspensión de un movimiento sin partida ni retorno, de un «curso circular» y un «vertiginoso giro» asumido por la novela, pero ya desplegado y metódicamente descrito en la obra poética de Saenz: Con la primera caída, te olvidarás de ti, y no recordarás haber caído. / «Con la segunda, que será la primera...» etc. Para el caso, se trata del recorrido a través de cuatro caídas y cuatro encuentros con «el viejo»; el recorrido hacia el «mirarse la calavera», esto es, hacia el estar consigo muerto que según las traiciones gnósticas representa tanto un autoconocimiento como el conocimiento de los últimos fines. Con la progresión cuaternaria se activa entonces una suerte de cifra, o mejor, un verdadero algoritmo que rige todo el tramado de la novela, desde la fábula hasta el mínimo detalle en la densa red de alusiones y relaciones intertextuales en la que Felipe Delgado adopta como intercesores a Plotino, Dante, Cervantes y Mann.

Así, la serie de cuatro caídas resulta una suerte de programa en el que el personaje transita y reconstruye tanto el lado oscuro de la ciudad como el conocimiento «del alma del mundo» (o sea uno mismo), a tiempo que la novela despliega caleidoscópicamente una imagen (la de Narciso, claro) en la que se unifican e igualan esos «otros» cuyas trayectorias, no obstante, se reducen a la de «él mismo». Dos acontecimientos, propiamente iniciáticos, se sugieren como el epicentro de la novela y ponen en escena, ambos, la experiencia de Felipe Delgado como una trágica experiencia de interpretación y autoconocimiento. Se trata del encuentro con Ramona Escalera, «la Dama del circo», y el descubrimiento de la bodega, casualmente llamada el «Purgatorio» y escenario del encuentro con el aparadita (supuesta encarnación del alma aymara de La Paz). En ambos casos, en el amor y en el vínculo con el otro en la ciudad, el programa de las cuatro caídas configura un trayecto de doble filo donde el encuentro con esa La Paz «escondida», deviene también el cerco que la somete y desintegra según una vocación unificante y unificadora.

Aquí radica el dilema fundamental para la ambigüedad novelesca de Felipe Delgado, por supuesto, y sería algo sesgado tranzar su valoración poética, histórica y ética a partir de una interpretación que sitúe la escritura de Saenz en una u otra perspectiva. No queda duda, sin embargo, que con Felipe Delgado y la dinámica del Cuatro, equidistante del Uno y el Siete, Jaime Saenz quiso explorar el destino de un hombre que, separado de la Unidad, buscaba reintegrarse en ella por vía de estricta inteligencia, eximiéndose de virtud creadora y de amor: las otras dos vías de la triada que Saenz explorará en su segunda novela, Los papeles de Narciso Lima-Achá, logrando así una de las exploraciones más sistemáticamente ambiciosas de la narrativa boliviana contemporánea.

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