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Martes, 14 de abril de 2009

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Arte / Claroscuro

Condecoraciones y amuletos

Por Susana Calvo Capilla

Condecoraciones y amuletos formaban parte de los pertrechos de un soldado romano. Las distinciones otorgadas a los soldados de la infantería y a los equites o caballeros eran  llamadas dona minora.

Ilustración. Escultura romana (105-115 d.C.): «Retrato de un oficial romano» (detalle)

Escultura romana (105-115 d. C.): Retrato de un oficial romano (detalle)
Mármol blanco, 86 cm de altura total, con el busto (31 cm sólo la cabeza)
Núm. de inventario: E-154 Añadido el busto

Una de ellas era la phalerae, un conjunto de nueve monedas o medallas cosidas a unas tiras de cuero que se portaban sobre el pecho. En su origen las phalerae eran los discos de bronce o de plata que adornaban la guarnición de los caballos. Otra condecoración era el torques, un collar rígido (‘retorcido’, significado de su nombre latino) que se podía llevar también en el torso. El origen del torques como insignia militar es incierto pero algunas hipótesis lo relacionan con el collar que portaban celtas y galos desde la Edad del Bronce. Es posible que tras la victoria de las legiones republicanas en aquellas tierras de la fachada atlántica, principalmente con Julio Cesar, los torques se convirtieran en un emblema del triunfo y en un distintivo de los vencedores. Un tercer tipo de dona minora era la armilla o brazalete. Junto a las merecidas condecoraciones los soldados no olvidaban colgarse los amuletos que les protegerían frente a los encantamientos (fascinum), los males y los peligros. Los más extendidos en Roma, usados por todas las clases sociales, eran los colgantes en forma de phallus (falo) y de lúnula (creciente lunar dispuesto hacia abajo). Hombres, mujeres, niños y hasta los animales portaban estos adornos de carácter apotropaico y profiláctico. El falo fue en todas las culturas antiguas un símbolo de la regeneración de la vida y de la naturaleza creadora. En cuanto a la luna, muchas culturas de época prerromana le rendían culto (los celtas por ejemplo). Era habitual que los romanos absorbieran muchas de las tradiciones de los pueblos conquistados, por lo que la luna se convirtió en un signo protector contra el mal de ojo (oculus malignus). Los caballos portaban adornos de bronce o de plata en forma de luna y corazón para prevenir enfermedades y traer suerte en la batalla, además de contribuir a enriquecer la imagen del caballero.

La escultura del Museo del Prado que hoy presentamos es con toda probabilidad el retrato de un soldado romano. Las características de la barba, de pequeños rizos, muy cerrada y corta, y del peinado, con un flequillo menudo de mechones lisos, indican la fecha en que fue realizado: la época de Trajano, 98-117 d. C. Se parece mucho a los soldados representados en los relieves de la Columna trajana, colocada en Roma en 113, que celebra la victoria del emperador hispano sobre los Dacios. El torques con una lúnula que porta al cuello no deja lugar a dudas: el desconocido era un soldado romano condecorado y supersticioso como todos sus congéneres.

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