Arte / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
En esta obra de carácter costumbrista nos encontramos ante un claro documento etnográfico que representa con máximo detalle las vestimentas de un grupo de personas del abulense Valle de Amblés, vestidas con sus mejores galas en un día de fiesta, procesión o romería.

Valeriano Domínguez Bécquer (1833-1870): La fuente de la ermita (costumbres del Valle de Amblés en la provincia de Ávila) (detalle)
Lienzo, 101 x 65 cm
Núm. de inventario: 3300
Depositado en el Museo Romántico de Madrid
Fruto de las inquietudes del ilustrado y enciclopédico siglo xviii, en la España del siglo xix se mostró un gran interés por estudiar y documentar la variedad etnográfica y folclórica del país. Junto a ello asistimos a la realización de planos y a la elaboración de estudios geográficos, entre los que destacaríamos el realizado por Pascual Madoz (1845-1850), cuyo diccionario de carácter geográfico, histórico y estadístico, articulado en dieciséis volúmenes, se convertirá en una fuente básica y en punto indiscutible de partida, de los estudios de carácter político, geográfico, histórico, etnográfico, e incluso de patrimonio, de la España del siglo xix. Lo mismo podríamos decir respecto a los catálogos y aproximaciones al patrimonio artístico que se comienzan igualmente a lo largo de la centuria, entre las que destaca por su calidad la obra Recuerdos y Bellezas de España, cuya publicación se inicia en 1833 con 588 litografías realizadas en su mayoría por el artista Francisco Javier Parcerisa, a modo de ilustración de los textos de importantes intelectuales de la época como José María Cuadrado, Pablo Piferrer, Pedro de Madrazo o Francisco Pí y Margall entre otros. Magno proyecto que se vio completado en la reedición que hizo del mismo en 1884 la editorial barcelonesa de Daniel Cortezo.
En este mismo contexto, en 1865, el gobierno concedió a Valeriano Domínguez Bécquer una pensión para que llevase a cabo el proyecto de viajar y representar las costumbres y trajes de los pueblos de las distintas tierras de España, para dejar constancia de su variedad y riqueza etnográfica. Tarea que quedó interrumpida por su magnitud y por el cambio de gobierno producido tras la revolución de 1868. El pintor pudo realizar con gran detalle varias obras centradas en Ávila, Soria y Aragón. No fue el único proyecto de ese tipo, ya que incluso en la misma sintonía se podrían estudiar los grandes lienzos de Joaquín Sorolla realizados, ya en el siglo xx, para la Hispanic Society of America de Nueva York.
En esta pintura de Valeriano Domínguez Bécquer apreciamos una buena factura que en gran medida recuerda, u homenajea, la obra de los pintores clásicos de la pintura española. La composición de la obra junto a la fuente a la sombra de un árbol, el suave paisaje que se difumina hacia el horizonte, la contundencia de los personajes, las pesadas ropas de amplios pliegues, el protagonismo de los niños, los cántaros o las manzanas que aparecen en primer término, recuerdan una y otra vez a los cuadros de Zurbarán, Alonso Cano, Velázquez e incluso a los cartones para tapices de Goya.
Posiblemente este lienzo se encuentre entre los más conseguidos y famosos del maestro sevillano, que vio su vida truncada con tan sólo 37 años. Hermano del escritor Gustavo Adolfo Bécquer, llevó al igual que él la típica vida bohemia del romántico por excelencia del siglo xix, caracterizada por la soledad, la enfermedad y la muerte prematura. Además de la pintura fue un afamado dibujante de las publicaciones gráficas más importantes del momento como El Museo Universal, La Ilustración Española y Americana y El Arte en España.