Literatura
Por Concepción Bados Ciria
¿Isabel Oyarzábal Smith, Isabel Oyarzábal de Palencia o Isabel de Palencia? En los últimos años se ha recuperado el apellido de familia para esta mujer extraordinaria, nacida en Málaga el 12 de junio de 1878, en una familia de clase acomodada y donde la madre, escocesa, influyó definitivamente en la trayectoria cosmopolita de Isabel. En su obra autobiográfica I Must Have Liberty (1940), Isabel declara que comenzó a escribir «para pasar el tiempo». Sin embargo, sus inquietudes, sobre todo en lo concerniente a la escasa educación lectora en las mujeres le impulsó a crear junto a su hermana Anita la revista La Dama, cuyo primer número salió en diciembre de 1908. Isabel firmaba esos días sus colaboraciones con el apellido de su esposo —Ceferino Palencia— y fue requerida, en 1915, para formar parte del grupo de mujeres intelectuales que lucharon por el derecho al sufragio en España. En ese momento se sentía presionada por sus problemas familiares y no aceptó, aunque más tarde, en 1926, se asoció en el Lyceum Club e incluso fue nombrada vicepresidenta de esta asociación feminista.
Isabel fue abriéndose poco a poco a las inquietudes sociales y políticas promovidas desde la izquierda republicana española y a finales de 1920 su participación en la vida política es plena. En 1929 preside la Liga Femenina Española por la Paz y la Libertad y se especializa en Derecho Internacional. Fue la única mujer que formó parte de la Comisión Permanente de la Esclavitud en las Naciones Unidas. En 1930, consiguió entrar en la cárcel y fotografiar al Comité Revolucionario Republicano. Sus fotografías se publicaron en el Daily Herald de Londres. En 1931 su candidatura aparece en las listas del Partido Socialista y es nombrada Consejera Gubernamental de la XV Conferencia Internacional del Trabajo (Ginebra, 1931), vocal del Consejo del Patronato del Instituto de Reeducación Profesional y delegada en la Sociedad de Naciones. Actuó como ministra plenipotenciaria (hecho insólito para una mujer) en nombre de la República, en el seno de las Naciones Unidas y, asimismo, se implicó en el Comité Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo. En 1935 asistió, en Ginebra, como representante de los trabajadores a la Conferencia Internacional del Trabajo.
Declarada la guerra en 1936, pasó a formar parte de la Comisión de Auxilio Femenino. Sin duda alguna, el hecho de hablar perfectamente inglés le abrió las puertas de la política internacional a Isabel y así uno de los días más amargos y complicados de su trabajo es el 18 de julio de 1936, cuando los acontecimientos la convierten en corresponsal de guerra en Europa, pero también en portavoz de la España republicana en diferentes foros internacionales —entre octubre y diciembre de 1936 recorrió Estados Unidos, donde dio más de cuarenta conferencias y mítines para recabar fondos en nombre de la República—. El colofón a su carrera política culmina en octubre de 1936, cuando el Gobierno la nombra embajadora con destino en la legación de España en Estocolmo, donde permaneció hasta el inicio de 1939, fecha en que salió rumbo a América con su familia para instalarse en México.
Escribió y representó diversas obras de teatro en Madrid, en la década del veinte, obras que fueron publicadas bajo el título Diálogos con el dolor, una vez en México, en la editorial Leyenda entre 1940 y 1944. Son nueve dramas breves y un cuento titulado Alcayata, que complementa el sentido de la publicación, de acuerdo al prólogo de la autora. Asimismo, estas obras dramáticas son interesantes en dos sentidos: de un lado nos dan plena información de la intensa atmósfera teatral en Madrid en los años veinte y, de otro lado, son una muestra de un motivo recurrente en la obra de Isabel: el pensamiento cristiano, que implica la caridad hacia el prójimo y la entrega solidaria a los oprimidos, entre los que destacan las mujeres, los afectados de algún tipo de enfermedad y los desfavorecidos económicamente.
Durante su largo exilio mexicano, Isabel Oyarzábal vivió de sus colaboraciones periodísticas en periódicos mexicanos y en los fundados por los republicanos españoles, entre ellos: España peregrina, Romance y Las Españas (1943-1953). Realizó numerosas traducciones del inglés de autores como Jane Austen, George Elliot y Sir Arthur Conan Doyle, entre otros. Además, se refugió en la escritura de la memoria, como tantos peregrinos de la España imposible. La autobiografía de Isabel Oyarzábal, I Must have Liberty aparece en 1940, en lengua inglesa. Le sigue otro libro: The Life of Alexandra Kollontay, la embajadora de la Unión Soviética, con la que coincidió en Suecia y una tercera obra también en lengua inglesa: Smouldering Freedom (The Story of the Spanish Republicans in Exile), publicada en 1945, la cual relata la tragedia de los perdedores republicanos, tanto de los que se exiliaron en Europa y América como de los que se quedaron en España.
Fruto de las experiencias vividas por Isabel durante la Guerra Civil es la novela En mi hambre mando yo (1959), en la que se relatan trágicos episodios acontecidos en Madrid y en Málaga. Todavía queda mucho por decir de esta malagueña que vivió 96 años; casi un siglo de existencia marcado por terribles acontecimientos, de los cuales supo sobreponerse con dignidad por medio del trabajo, hasta el punto de ser considerada, hoy día, como un ejemplo admirable de entereza, entrega, solidaridad y compañerismo. Su vida y su obra estuvieron dedicadas al compromiso político, a la defensa de los oprimidos y marginados, a la lucha por las libertades, sabiendo combinar, con gran inteligencia, su mentalidad liberal y su fe católica.
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