Arte / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
Del conjunto de obras que poseyeron los monarcas españoles del maestro italiano Antonio Allegri, más conocido como El Correggio (por ser ese el lugar donde nació), hoy sólo se conservan en el Museo del Prado dos cuadros de tema religioso: el famoso Noli me tangere y una Virgen con el Niño y San Juan. El resto, varias mitologías que se cuentan entre sus obras maestras, reputadas cimas de la pintura erótica, se fueron «perdiendo» por el camino.

Antonio Allegri, El Corregio (1494-1534), copia por Eugenio Cajés (1575-1634): Leda y el cisne (detalle)
Lienzo, 165 x 193 cm
Núm. de inventario: 120
Así sucedió con Leda, Ganímedes y Dánae, que, junto con Io, integraban una serie sobre los «Amores de Júpiter» inspirada en las Metamorfosis de Ovidio. Fueron pintados hacia 1531 para Federico II Gonzaga, duque de Mantua, y este, según Vasari, los regaló al emperador Carlos V. Fuera así o no, lo cierto es que Leda y Dánae estuvieron en la colección de Antonio Pérez, el secretario de Felipe II, y que tras su descalabro, en 1579, pasaron a la colección real. En 1604, sin embargo, Felipe III, tal vez uno de los Austrias menos interesado por la pintura, vendió Leda, Ganímedes y Dánae al emperador Rodolfo II, quien debió encapricharse de las obras en su estancia de juventud en la corte madrileña. El extraordinario dominio del desnudo, la grácil voluptuosidad de las formas y la delicadeza del color constituyen lo esencial del estilo del Correggio, una sensualidad explícita y elegante que convirtió sus composiciones en auténticos iconos del erotismo renacentista. Prueba de su fama y de la fascinación que despertó es el gran número de copias que se hicieron de sus lienzos. Las que guarda el Prado de Leda y de Ganímedes (del mismo tamaño que los originales) fueron pintadas por Eugenio Cajés antes de su partida hacia el castillo imperial de Praga. El prestigio erótico de esta Leda, con el cisne entre sus piernas, hizo que colgara siempre en las salas de desnudos, desde las Bóvedas de Tiziano del Alcázar hasta la Sala Reservada del Prado. Los originales, tras su paso por varias colecciones europeas (Estocolmo, Roma, París) y habiéndose salvado in extremis de algún que otro ataque de puritanismo, hoy son estrellas de los museos europeos donde se exponen: Leda en el Estatal de Berlín, Ganímedes e Io en el Kunsthistorisches de Viena y Dánae en la Galería Borghese de Roma.
Otro cuadro del Correggio que estuvo en Madrid fue La educación de Cupido o Escuela del Amor, pintado para el duque de Mantua hacia 1528 y comprada por don Luis de Haro para Felipe IV en la almoneda de Carlos II de Inglaterra. Velázquez la rechazó creyéndola falsa y se quedó en la colección del valido. El destino quiso que la obra volviera a ser ofrecida al rey de España y que, de nuevo, fuera rechazada: la duquesa de Alba la legó en su testamento a Carlos IV, pero este, censor y carcelero de la pintura de desnudos, de inmediato se deshizo de ella y se la regaló a su ministro Godoy. Hacia 1808 se hallaba en el Gabinete Reservado de este, un espacio excepcional y transgresor en la España de la época donde colgaban algunos de los desnudos estéticamente más sobresalientes y originales de la historia de la pintura: ¡nada menos que la Venus del espejo de Velázquez (hoy en la National Gallery de Londres como el de Correggio), una copia de la Venus dormida de Tiziano y las Majas de Goya!