ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Cómo cambian los tiempos y las modas. ¿Se imaginan hoy en día que alguien de la más alta sociedad se dejase retratar junto a un personaje deforme y además perteneciente a un estrato social inferior? En la corte española de los siglos xvi y xvii fue muy habitual la aparición en la pintura de estos personajes que formaban parte de la propia familia. Su propia rareza los convertía en seres únicos y maravillosos, como esos aljófares de un collar, tanto más valorados cuanto más curiosa e irregular sea su forma. Su función era la de hacer reír y entretener a sus señores, en ocasiones eran muy recurrentes e incluso se les permitían libertades que no gozaban el resto de los mortales, cuando realizaban en público mordaces y ácidos comentarios de cualquier personaje de la corte.
El origen del bufón es tan antiguo como la propia civilización, y así aparecen junto a sus señores en pinturas y relieves egipcios y sumerios. Sabemos de su existencia en el mundo grecolatino y su continuidad en las cortes medievales y modernas de Occidente. Los hubo muy famosos, caso de Triboulet, que estuvo en la corte francesa del siglo xvi junto a Luis XII y Francisco I. Fue inmortalizado por Rabelais, Victor Hugo o incluso Verdi, al inspirarse en él cuando compuso su Rigoletto. La España del Siglo de Oro quedaría huérfana sin sus bufones. Los más famosos son los de Velázquez, quien retrató a un buen número de ellos (Calabacillas, Francisco Lezcano, Sebastián de Morra, Cristóbal de Castañeda y Pernía...) y más cuando Maribárbola y Nicolasete Pertusato alcanzan la gloria junto a la infanta Margarita, los reyes y el propio pintor, en Las meninas. Pero no fue él ni el único ni el primero en detenerse en estos personajes. Rodrigo de Villandrando retrató a Felipe IV junto al enano «soplillo», Antonio Moro realizó un magnífico lienzo al fijar sus pinceles en Pejerón, el bufón del conde de Benavente, o Juan Carreño de Miranda al retratar a Eugenia Vallejo conocida como «La Monstrua», y así podríamos recordar un sinfín de magníficos cuadros, en las que estas criaturas eran miradas con admiración, morbo, curiosidad o cariño...
En este cuadro aparece la infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II y de Isabel de Valois (Valsaín 1566-Bruselas 1633), junto a Magdalena Ruiz, quien a su vez sujeta dos monos en sus manos. No es mucho lo que sabemos de esta bufona, pero sin duda disfrutó del cariño más íntimo de la familia real. Sabemos que acompañó al propio Felipe II en alguno de sus viajes, y que murió en El Escorial en 1605. El cuadro presenta calidades muy diversas, por ello se ha especulado que la composición y los retratos fueran realizados por el propio Sánchez Coello mientras que el resto sería obra de su taller.