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Martes, 29 de abril de 2003

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Arte / Claroscuro

La conquista del cielo: del sueño al globo Montgolfier

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Desde antiguo el hombre se las ha ingeniado por conquistar otros medios que no fueran el terrestre. Ríos, mares y océanos pudieron ser surcados desde tiempo inmemorial mediante sencillos maderos, balsas, canoas o barcazas, que con el paso del tiempo se convirtieron en sofisticados navíos.

¿Y el aire?, en él pusieron sus sueños los hombres más intrépidos y no faltaron mitos milenarios como aquél de Dédalo e Ícaro que mediante unas alas artificiales consiguieron surcarlo como los pájaros. La Biblia nos relata que Elías al morir ascendió al firmamento mediante un carro de ruedas de fuego, prefigurando la propia Ascensión de Cristo, y el Corán también nos habla del Viaje Nocturno de Mahoma al cielo. Y qué decir de aquellos complejos diseños de Leonardo da Vinci, de extraños mecanismos para que el hombre pudiera despegar sus pies del suelo. La propia religión, cualquiera que sea, nos ha hecho pensar en el cielo como el lugar donde se encuentra la gloria, la luz, el bien o la justicia, frente a la oscuridad del mundo subterráneo de las tinieblas y del mal. El arte siempre ha tenido esto en cuenta y abundan las representaciones de la divinidad, de profetas, ángeles y santos, pintados o esculpidos por los mejores artistas, flotando entre nubes desafiando la Ley de la Gravedad. Pero tuvieron que pasar muchos años, e incluso siglos, para que el anhelado sueño se pudiera realizar.

Los diferentes estudios que se desarrollaron principalmente en la Europa ilustrada del siglo xviii sobre la física de los gases, supusieron un gran avance al respecto. Esencial fue la investigación del británico Enrique Cavendish, en la década de los setenta de la centuria, al ser capaz de aislar el hidrógeno y demostrar que este gas es más ligero que el aire; descubrimiento que abriría las puertas a la creación de los globos aéreos. La década de los ochenta fue fundamental en la creación de lo que hoy entendemos por globo aerostático. Los hermanos Esteban y José Montgolfier, fabricantes de papel en Annoay (Francia), consiguieron elevar un globo de ese material mediante los gases obtenidos con la combustión de lana y paja mojada. Posteriormente Esteban Montgolfier hizo subir un globo lleno de aire caliente en cuya barquilla se dispusieron varios animales, los cuales regresaron sanos y salvos tras su ascensión. Los últimos años de la centuria se vivieron con intensidad. Pilâtre de Rozier en 1783 se elevó en globo en el Bosque de Bolonia de París. Superados los primeros miedos se multiplicaron las ascensiones, siendo especialmente importante la que en 1785 consiguió unir las localidades de Dover y Calais, salvando por el aire el Canal de la Mancha, o la que realizó en 1804 el científico Gay-Lussac al recorrer una distancia de 120 km, etc.

La técnica prosiguió su avance de forma implacable. Surgieron los autogiros, los aviones en sus más diversas modalidades, y así, hasta llegar a la navegación espacial. Tal vez algún día consigamos descubrir los confines del cielo.

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