Arte / Claroscuro
Por Antonio García Flores
Este cuadro, obra cumbre de la producción de Antonio Gisbert, fue encargado durante la regencia de la reina María Cristina por el gobierno de Sagasta a través de un Real Decreto del 21 de enero de 1886. El tema elegido, el fusilamiento de José María Torrijos (1791-1831) y sus compañeros, constituiría un manifiesto político, un alegato a favor de las libertades y contra el autoritarismo. Terminado dos años más tarde, fue adquirido por Real Orden el 28 de julio de 1888 e instalado en el antiguo Museo de Arte Moderno —actual Museo del Prado— a primeros de agosto.
Torrijos, que había jugado un papel importante durante el Trienio Liberal, llegando a ser Ministro de la Guerra, tuvo que exiliarse en 1823 a causa de la reinstauración del absolutismo por Fernando VII. Éste comenzaría a partir de entonces una encarnizada persecución contra todos aquellos que habían colaborado con el anterior gobierno; de este modo terminó finalmente con la vida de nuestro protagonista.
Torrijos, que durante su estancia en Inglaterra no dejaba de pensar en cómo sublevarse y derrocar al rey absolutista, fue traicionado por el gobernador de Málaga, quien le había prometido que si regresaba con una cincuentena de hombres se le sumarían las tropas de la ciudad y le ayudarían en su levantamiento; su embarcación fue abordada por el ejército español en la costa de Fuengirola, siendo todos apresados y fusilados en la misma playa el 11 de diciembre, acusados de delito de alta traición y conspiración.
El cuadro recoge el momento en que, a orillas de la playa, unos cuantos prisioneros puestos en fila —Torrijos en el centro, asiendo fuertemente las manos de sus más cercanos camaradas— se preparan para la ejecución, mientras en primer término yacen los primeros caídos.
La muerte del militar causó gran conmoción en los círculos intelectuales del país, en especial a un conocido poeta español, partícipe durante su exilio de algunas actividades destinadas a implantar en España un régimen liberal y que le dedicó los siguientes versos:
Helos allí, junto a la mar bravía,
cadáveres están, ¡ay!, los que fueron
honra del libre y con su muerte dieron
almas al cielo, a España nombradía.Ansia de patria y libertad henchía
Sus nobles pechos que jamás temieron
y las costas de Málaga los vieron
cual sol de gloria en desdichado día.Españoles, llorad; mas vuestro llanto
lágrimas de dolor y sangre sean,
sangre que ahogue a siervos y opresores,y los viles tiranos, con espanto
siempre, delante amenazando vean
alzarse sus espectros vengadores.