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Lunes, 13 de febrero de 2012

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LITERATURA

Alcino en campo colorado (1)

Por Mauro Cadove

Conste que el pobre Alcino no quería; que lo hizo forzado por la divina Clori, quien, después de haber leído un par de discursos apologéticos firmados por dos floridos ingenios lusitanos, en alabanza de los colores verde y azul respectivamente, no tuvo mejor idea que mandarle a su enamorado elegir otro color y escribir un nuevo tratado para ella, so rigurosa pena de la privación perpetua de su vista. Al principio, el pobre Alcino no sabe qué hacer: se disculpa por su rudo ingenio, por la pobreza de su estilo, por su insuficiencia y poco caudal; pero la dama implacable no se inmuta. Que elijas, le apremia cruel. De modo que a regañadientes él elige, pero ni por esas:

Siendo fuerça el obedeçer, y hazerle de mi gusto sacrifiçio, díjele que elegía el color blanco, por ver que era el de que ella se bestía y el de que oy más usan la[s] damas; y respondió que sobre el color blanco (pues era el de mi gusto) auía de escribir ella (bien puede hazerlo quien es tan docta en letras humanas y diuinas), pero que yo auía de escribir sobre el color que ella nombrasse, y que assý su gusto era que fuesse sobre el color colorado, no por ser el que ella más estimaua, sino porque era el que ella más aborreçía, y que solo por esso me le daua por assumpto, porque le pareçía malíssimamente, y que gustaría uer cómo yo salía deste aprieto, porque, conforme a su inclinación i pareçer, era de los colores el más abominable.

Más aún: es que la pobre Clori, en cuanto veía cosa roja, asustábase, desmayábase y poníase muy triste, pues no hacía más que acordarse de la sangre. «Pues por el mismo caso quiero que le alabes, por ver si me conbençes y borras de mis ideas el aborreçimiento que a este color tengo», le explica al galán, presta a liberarse de sus miedos. Así que el pobre Alcino, cargado de valor y consciente de sus responsabilidades, se pone a escribir.

El resultado es el discurso apologético Color de colores, color colorado, respuesta a dos tratados del azul i verde a la hermosa Clori, escrito en Lisboa, en 1638, por ese tal Alcino: Alcino Raheri Lacala. El manuscrito —porque hablamos de un manuscrito, que perteneció a Pascual de Gayangos—, se conserva en la BNE y es autógrafo. El nombre del autor, menos pastoril que inverosímil, debería hacernos sospechar de inmediato que se trata de un anagrama o de algo parecido; pero ya volveremos a eso. Lo cierto es que la obra parece preparada para la imprenta, pues conserva dos curiosas anotaciones del 3 de enero de 1639: la aprobación del censor Aires Correa y una nota donde el propio Alcino declara no hacerse responsable de otras copias que circulen por ahí sin su firma. Estaría bueno.

Antes de nada, digamos que uno de esos dos ingenios portugueses que precedieron a nuestro autor en sus coloreados empeños pudo ser Manuel Fernandes de Vila Real (1608-1652), quien publicó en Madrid, en 1637, Color verde a la divina Celia; repara en ello, precisamente al comentar las notas del misterioso Alcino, Fernando Bouza en Hétérographies. Formes de l’écrit au Siècle d’or espagnol. Casi un siglo después de esa primera publicación, Pedro Joseph Alonso y Padilla volvería a editar este opúsculo, a continuación de la Historia de la prosperidad infeliz de Felipa de Catanea, la labandera de Nápoles, «escrita en francés por Pedro Matheo […] y en castellano por Juan Pablo Mártyr Rizo» y en compañía de unas cuantas «enigmas curiosas», tan habituales en el catálogo del librero madrileño.

En cuanto al tercer color, no hay más que leer el prólogo de Fernandes de Vila Real para saber que el tratado sobre el azul, anterior al suyo, fue escrito por «el doctor Fernando Álvarez Brandón [Alvares Brandão], insigne iurisprudente, ilustre ingenio lusitano, y íntimo amigo mío». Pero no solo eso: un par de páginas más adelante, Fernandes de Vila Real cita otro modelo del verde más antiguo aún, e igual de portugués: un «docto y florido panegírico del color verde» escrito por Fernando Cardoso y publicado, según José Maria Silva Rosa (Isaac Cardoso: vida, obra, pensamento, 2001), en 1635 por Fernando Martins y «hoje impossível de encontrar».

Así pues, parece que Alcino no está solo: que Color de colores forma parte de un como mínimo póquer de sugerentes, ligeros y doctos tratados cromáticos escritos entre los años 1635 y 1638.

¿Pero quién es, quién se esconde detrás de este Alcino Raheri Lacala?

Lo descubriremos en el próximo rinconete.

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