Humboldt y Bonpland permanecieron tres meses en Cuba y salieron de Batabanó en marzo de 1801 para dirigirse a Cartagena de Indias, en Colombia. Permanecieron unas semanas en los bosques de Turbaco y remontaron el río Magdalena en 40 días. Desde Honda fueron hasta Santa Fe de Bogotá, para emprender después el viaje a Quito, donde llegaron en enero de 1802.
En todas sus expediciones les acompañó Carlos Montúfar, hijo del marqués de Selva Alegre, quien tras acompañar a Humboldt en el resto de su expedición por Perú y el reino de la Nueva España, regresaría con él a Europa.
Atravesaron los Andes hacia Cuenca, antes de dirigirse a Lima. Se embarcan de nuevo, esta vez hacia Guayaquil, y continúan el viaje hacia México. Tras una estancia de unos meses en el valle de México, Humboldt y sus acompañantes visitaron las minas de Morán y de Real del Monte y el Cerro del Oyamel. Poco después pasaron por Querétaro y de Salamanca se dirigen a Guanajuato. Desde Guanajuato regresaron a Valladolid, en Michoacán. El retorno a la ciudad de México lo hicieron por el valle de Toluca y en los meses de enero y febrero de 1804 llevaron sus investigaciones hacia la vertiente oriental de la Cordillera. Tras una corta estancia en Jalapa, se embarcaron en Veracruz con rumbo a La Habana, desde donde iniciaron el camino de regreso haciendo escala en Filadelfia, donde conocieron al presidente Thomas Jefferson, pisando suelo francés en 1804.
Los resultados de esta expedición fueron una colección de 6000 especies de plantas (novedosas en gran parte), numerosas observaciones mineralógicas, astronómicas, químicas y morales.
Tras los primeros meses de estancia en París para iniciar su trabajo científico, Humboldt viajó en 1805 a Italia. Después volvió a Berlín, donde recibió todo tipo de honores y fue nombrado chambelán del rey de Prusia. Fue esta la época en la que Humboldt redactó Cuadros de la Naturaleza, antes de regresar en 1808 a París, donde continuó su obra editorial. Ya había publicado en París su importante Ensayo sobre la geografía de las plantas y ahora preparaba la edición de sus ensayos regionales sobre Cuba y Nueva España, publicaba artículos en diferentes revistas científicas francesas y acometía la empresa editorial de la publicación del Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Así estuvo hasta 1827, fecha en la que marchó a Berlín por orden expresa del rey de Prusia Federico Guillermo III, con quien colaboró estrechamente en la corte de Potsdam. Poco después impartió las conferencias que le hicieron célebre en su tierra y que serían el germen de su futura obra de madurez, el Cosmos. En 1829 tuvo además la oportunidad de hacer su anhelada expedición a Asia Central, aprobada por el zar Nicolás I. El nuevo periplo comenzó el 12 de abril de 1829 y Humboldt fue recibido con todos los honores por la corte imperial rusa en San Petersburgo. Recorrieron un itinerario que les llevó a Moscú, Nizhnyi Novgorod, Kazan, Perm y los Urales. Después se dirigieron a Tobolsk, Barnaui, el Altai y la frontera china, desde donde regresaron a Astracán, en las orillas del mar Caspio. El 3 de noviembre del mismo año los expedicionarios llegaban a Moscú, tras un viaje que daría a conocer en su obra sobre Asia Central en 1843. Poco más tarde comenzó la publicación de la que sería su gran obra de síntesis, el Cosmos, cuyo cuarto volumen no concluyó hasta 1858, un año antes de la muerte del genio en Berlín, el 6 de mayo de 1859. Fue el final de la larga vida de una figura de gran relevancia internacional, modelo para numerosos viajeros, científicos y artistas que siguieron sus pasos durante gran parte de los siglos xix y xx.
Microscopio compuesto
c. 1750.
Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Madrid.
Azurita
Vermiculita
Minerales recolectados por Humboldt.
Montaña Ilmen. Urales (Rusia).
Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Madrid.