Hoy no es notable por su grandeza, sino porque es ya (gracias á Humboldt, Boussingault y otros sabios) un momento que la Ciencia [se] ha apropiado; tomado de la naturaleza para perpetuar tanto bello descubrimiento. La fama del Chimborazo eternizará también los nombres de algunos sabios, y debe á Humboldt la gloria de haberla engrandecido.
Jiménez de la Espada
Era autor del nuevo libro, que sin disputa es el más importante de cuantos se han consagrado a la historia del descubrimiento, aquel insigne varón, gloria de la ciencia moderna, cuyos límites de tantas maneras ensanchó, llevando como de frente todos los conocimientos humanos, y haciendo servir los unos de ilustración y complemento a los otros: hombre familiarizado además no ya sólo con la erudición americana, sino con todos los accidentes físicos del territorio, que largamente había explorado con el martillo del geólogo y con el teodolito del geodesta.
Marcelino Menéndez y Pelayo
(...) detalles de la historia de las ciencias, que aislados significarían poco, pero que en manos de Humboldt pierden el carácter de circunstancias accidentales y, presentándose en agrupación inmensa, conducen a probar la necesidad histórica del descubrimiento en el punto y hora en que se hizo, merced a esa labor incesante y oculta que va conservando y cultivando desde la antigüedad cierto número de nociones más o menos confusas, hasta que de todas ellas resulta un como impulso irresistible, que se transforma en acción.
Marcelino Menéndez y Pelayo
El grande heredero de la tradición científica del siglo xviii, destinado a sobrepujarla muy pronto y a hacer entrar en nuevas vías el pensamiento moderno, heredó también aquellas luminosas condiciones de exposición; y desde el Viaje de las regiones ecuatoriales hasta el Cosmos, mereció por medio siglo el nombre de mago de la ciencia, juntando en rara armonía las cualidades de genio inventivo y las de expositor animado y brillante.
Marcelino Menéndez y Pelayo
Ramón de La Sagra
Grabado. Archivo Doce Calles.
Elevación del Chimborazo
Anónimo. Atribuido a Alexander von Humboldt. 1803-1804.
Papel, dibujo iluminado a la aguada. Real Academia de la Historia. Madrid.