Cajal > Recuerdos de mi vida > Nota preliminar
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) es, sin lugar a dudas, el científico más importante que ha dado España en toda su historia, y uno de los que por derecho propio pertenecen al selecto grupo de los «grandes de la ciencia de todos los tiempos», aquellos cuyo nombre tardará el olvidarse, si es que alguna vez llegan a sumirse en esa oscura noche. Entre sus muy variadas y numerosas aportaciones a la ciencia ninguna brilla más que el descubrimiento de la estructura neuronal del sistema nervioso, que atrajo la atención de los investigadores de otros países, conduciéndole finalmente a la consecución del Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1906, compartido con Camillo Golgi. Fue, por consiguiente, Ramón y Cajal, grande por la ciencia que creó, pero no sólo por ella podemos admirarle, también está su vida, plena de actividades y empeños. Y para acercarse a ella y a su ciencia, ningún instrumento es mejor que su autobiografía, Recuerdos de mi vida, un libro que desde 1923 no había sido editado completo, esto es, sin fragmentarlo escogiendo una de sus dos partes, «Mi infancia y juventud», la mayoría de las veces, o «Mi labor científica».
Es ésta la obra que he elegido para formar parte de esta serie de «Clásicos de la ciencia y la tecnología». Se podría argumentar que una mejor elección habría sido su gran Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, publicado en tres volúmenes entre 1899 y 1905. Seguramente no hay, en cuanto a textos monográficos se refiere, mejor lugar para comprender la grandeza científica de Cajal que ese libro. Sin embargo, dado su carácter técnico semejante elección inevitablemente habría –problemas de extensión aparte– dificultado, si no imposibilitado, el que muchos lectores pudiesen comprender lo que Cajal consignó en él. Es por ello que he optado por recuperar aquí Recuerdos de mi vida, que en mi opinión también constituye, aunque de otro tipo, un clásico de la ciencia, y que permite a sus lectores no sólo acercarse a la mayor parte de los esfuerzos y logros científicos de Cajal, y no únicamente a unos pocos, sino también familiarizarse con su increíblemente rica biografía (si a alguien se le puede aplicar aquello de «nada de lo humano le fue ajeno» es a nuestro autor).
Como complemento se incluye un documento de gran valor y poco conocido: el Post scriptum que Cajal añadió a la segunda edición (1899) de otro de sus clásicos, el texto del discurso que pronunció al entrar a formar parte (1897) de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Fundamentos racionales y condiciones técnicas de la investigación biológica, titulado en versiones posteriores Reglas y consejos sobre investigación científica. En ningún lugar como en estas líneas, que retiró en las ediciones siguientes de Reglas y Consejos, mostró mejor Santiago Ramón y Cajal cuánto amó y se preocupó por España.
José Manuel Sánchez Ron