«El desierto que circunda la cuenca del río Moquegua, en Perú, esconde el secreto del
elixir de la vida eterna: la salinidad y el clima protegen las momias de esta cultura
preinca. Gracias a esto sabemos cómo vivían los chiribayas, hace 700 años.
La cultura chiribaya es poco conocida porque, a
diferencia de otras civilizaciones andinas, no dejó grandes monumentos, ni mucho oro. Era
una sociedad compleja en la que mandaban jefes o caciques locales con sus familias.
Vivían de la agricultura, la ganadería y la pesca y poseían una tecnología muy
avanzada. Sus casas eran de caña y barro; por eso no se han conservado.
Se han encontrado muchos restos de cerámica,
algunos de ellos con comida: maíz, batata, yuca y semillas de molles.
Tras las excavaciones, se han hallado momias
envueltas en fardos que llevaban como equipaje bolsas con hojas de coca, probablemente
para ser masticadas en los rituales. Todo esto hace pensar que tenían una intensa vida
religiosa.
Su particular comportamiento ante la muerte y las
condiciones climáticas han permitido que los chiribayas traspasaran las fronteras del
tiempo.»