El otro día estuve con Juan y una vez más
acabé harta de él. La verdad es que tiene más defectos que virtudes...
Cuando tiene cualquier problema, es un lince: enseguida
encuentra cualquier solución, eso sí; claro, que siendo un
buitre como él es muy fácil.
Encima dice que siempre llegamos tarde porque parezco una cotorra al teléfono, y que después, cuando salimos,
voy a paso de tortuga.
Quizá tú no lo sabes, pero aunque va de gallito
en el fondo es un gallina. Y para qué hablar de
dinero: cada vez que salimos, es un rata, siempre me
toca pagar a mí. No, si ya te digo, Juan es demasiado cuco.
En fin, tal vez pensarás que soy un poco dura y lo critico demasiado, pero es que
últimamente pienso que más que mi amigo es mi enemigo.