Peter llegó a Barajas, con una guía turística
bajo el brazo y la idea de haber aprendido español de maravilla. Cogió un taxi y empezó
a practicar el idioma.
«Hoy no debería haber venido a trabajar, no estoy muy católico» dijo el taxista en cuestión. Peter
contestó que era protestante y americano.
«Está usted un poco verde»,
respondió el taxista. Nuestro protagonista sacó un espejo de la bolsa y comenzó a
mirarse con extrañeza.
Llegó al hotel, feliz por el sol madrileño,
entró y rápidamente hizo buenas migas con el conserje. Abrió la cartera para darle una
propina y le dijo en tono muy amable: «está usted muy atento».
El conserje, avergonzado, desvió rapidamente la vista del fajo de billetes...