QUIEN FUE A SEVILLA, PERDIÓ SU SILLA Don Alonso, arzobispo de Sevilla durante el reinado de Enrique
IV, le pidió a un sobrino suyo que ocupara el arzobispado durante una de sus ausencias.
Cuando regresó a Sevilla, se encontró con que su sobrino no quería dejar el cargo.
Finalmente, tuvieron que mediar el Papa y el rey para solucionar el conflicto.
Así nació este refrán popular. De él se
deduce que la ausencia perjudica, no al que fue a Sevilla, sino al que se fue de esta
ciudad. Coloquialmente se utiliza para no devolver el asiento a la persona que lo ocupaba
antes.
Con frecuencia, la historia y el lenguaje se
construyen y enriquecen a raíz de anécdotas que, como en este caso, pasan a formar parte
de la cultura popular. |