«Sucedió que tuvo
que pasar un río y como
llevaba una carga tan grande se hundía
más que si no la llevara; al llegar a la mitad
del río se empezó a hundir más. Un hombre
que estaba en la orilla le comenzó entonces
a dar voces y a decirle que si no soltaba
aquella carga se ahogaría. Aquel majadero
no se dio cuenta de que, si se ahogaba,
perdería las riquezas junto con la vida, y,
si las soltaba, perdería las riquezas, pero
no la vida. Por no perder las piedras
preciosas que traía consigo, no quiso
soltarlas y murió en el río.»