Hace algunos años Camilo viajó a
México para visitar a unos tíos que habían emigrado allí en los años sesenta. Cuando
llegó al aeropuerto, cogió un taxi y le pidió al chófer que lo llevara al hotel. La
respuesta, para gran sorpresa de nuestro amigo, fue «luego, señor».
Camilo no sabía qué decir y puso
cara de no entender nada. El taxista repitió «sí, sí, luego» y se encaminaron hacia
el hotel. Más tarde nuestro protagonista entendió que luego significa
ahora mismo en México.