«Así llegó el
día de la fiesta. Carmen estaba muy nerviosa. De repente, entró un chico
guapísimo que se llamaba Pablo. Le pidió fuego y cuando nuestra protagonista iba a
encender el cigarro, se le quemaron todas las pestañas y se
le cayó la copa encima de Pablo. Carmen salió corriendo de
la discoteca y se sentó en un portal; se le saltaban las lágrimas. Estaba llorando
desconsoladamente, cuando un joven salió del portal, la
miró y ella empezó a sentirse mejor, aunque un poco ridícula. Él vio su zapato tirado
a unos pocos metros, lo recogió y se lo puso.»