| Lee el siguiente texto sobre los
refranes: Dicen que los refranes son joyas
de sabiduría popular y así debe de ser, porque los abuelos, padres y tíos mayores
están siempre dispuestos a soltarnos un buen refrán para demostrar que sus verdades son
absolutas, irrefutables, tan antiguas como el hombre mismo. ¿Pero quién es realmente el
autor de estas ingeniosas, generalmente dramáticas, sentencias que corren de boca en boca
y de generación en generación sin apenas cambios verbales? Nadie lo sabe y nadie se lo
pregunta. Con un «como decía mi abuela...» todos quedan más que satisfechos:
«Tanto va el cántaro a la fuente que al final
se rompe», deja caer entre escamas el pescadero cuando le cuentan que han quitado el
carné de conducir al hijo de Encarna; y es que, claro, conducía como un loco y le
habían puesto ya muchas multas... Gracias a un socorrido refrán he podido salir airoso
de las agobiantes confidencias de un amigo en paro, al que ha dejado su novia y, para
colmo, se le acaba de morir el perro. «No hay mal que por bien no venga», dije; y ahora,
pensándolo bien, entiendo la confusión de su mirada (comprendan ustedes, no sabía qué
decir ante tanta desgracia).
¿Y cuando el lunes por la mañana no pudiste
ducharte porque el calentador se había estropeado, el café te salió fatal, en la
botella de leche sólo quedaba una gota, llegaste tarde porque había un atasco tremendo
en la carretera? Pues el mismo locutor de radio (de cuyo nombre no quiero acordarme) puso
broche a la situación con su advertencia: «Precaución al volante, no hay prisa, ya se
sabe que del lunes al martes pocas artes».
Que la familia de Marisa está alborotada porque
la abuela se casa con un vallisoletano que conoció en un viaje para jubilados: a la
vejez, viruelas. Que tu jefe te riñe por haber hecho lo que él quería que hicieras: a
palabras necias, oídos sordos. Que tu cuñado necesita un préstamo para comprar un
todo-terreno: contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. Que los impuestos siguen
subiendo y el dueño de la tienda dice que no puede pagar la Seguridad Social y la cierra:
a mal tiempo, buena cara. Que has invitado a tu vecina a salir en dos ocasiones y se ha
excusado: ¡insiste, hombre, no seas tímido!; que a la tercera...
En el siguiente cuadro tienes el
significado de algunos de los refranes que han aparecido en el texto. Selecciona el
refrán que corresponde a cada significado. |