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«Mi
primer contacto con la lengua española fue Pablo Neruda»
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Ashok es una de esas personas que se adapta con facilidad a
las circunstancias y que no tiene muchos problemas para encontrarse
a gusto allí donde va. Inteligente y culto, llegó a España tras
haber estudiado español varios años en la facultad, lo que le
ha evitado no pocos problemas y le
ha abierto bastantes puertas. Ashok lleva diez años
en España y eso se nota. Es curioso que muchas veces, durante
la entrevista, Ashok habla de los indios en tercera persona,
mientras que no siempre, pero sí más de una vez
habla de España y los españoles en primera persona. |
En la entrevista Ashok contesta
a las preguntas que aparecen en cada uno de los recuadros. Si quieres
conocer sus respuestas pincha sobre ellos.
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«De
España como país teníamos una imagen borrosa e influida por
el cine, la imagen de un país de toreros y de mujeres muy agresivas,
como Carmen.»
Antes de venir,
¿qué sabías de España y del español?
Mi primer contacto
con la lengua española fue a través de unas traducciones de Pablo
Neruda. Durante mis viajes por la India, encontré en un pequeño
pueblo dos armarios llenos de libros. Había varias traducciones
al inglés de obras de Pablo Neruda. También de Albert
Camus y de Kafka.
Me dejaron impresionado, cambiaron mi forma de ver la vida. Su descripción
del bosque de Temuco, ciudad en la que pasó su infancia, es magnífica.
Ahí empezó mi curiosidad por América Latina.
Cuando estabas en
Nueva Delhi, empezaste a estudiar español. ¿Qué escuchabais, qué
sabíais de España?
Bueno, conocíamos
muchas cosas de su literatura, desde Cervantes hasta los autores
actuales. Pero de España como país teníamos una imagen borrosa,
no había una imagen concreta. Era una imagen muy influida por el
cine. La imagen de un país de toreros y de mujeres muy agresivas,
como Carmen. De hecho, Carmen, de Carlos
Saura, fue la primera película española que vi en mi vida, en
el año 87, o así. La imagen de La
Celestina era también muy fuerte.
Cuando llegaste,
¿qué es lo que más te chocó de España?
Normalmente, a mí
no me chocan mucho las cosas. Soy curioso y no me cuesta adaptarme.
Además, yo ya tenía una cierta imagen de España y de Europa. Y esa
imagen se correspondía bastante, desde mi punto de vista, con la
realidad. Madrid era un pueblo grande y tranquilo. Las ciudades
de la India son muy ajetreadas,
muy caóticas y cuando yo llegué Madrid era muy tranquila.
¿Sigue siendo Madrid
ese pueblecito?
No; ahora es grande
y produce mucha sorpresa, porque ya hay mucho jaleo
aquí. En Nueva Delhi hay un ruido de coches, todo el mundo va pitando
el coche, todo el mundo va pitando y pitando. Y ahora aquí ya van
pitando.
¿Qué otras cosas
te llamaron la atención?
Lo que sí que me llamó
la atención es lo mucho que la gente hace gestos al hablar. Los
indios, simplemente mueven la cabeza y, a veces, no se sabe bien
lo que quieren decir.
Otra cosa que me sorprendió es la poca curiosidad que mostraban
los estudiantes de la facultad ante las gentes y culturas de otras
culturas y lugares.
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«A
veces, parece que los españoles ven a la India como una gran
vaca. ¡La vaca!»
En tu opinión, ¿los
españoles somos receptivos hacia gentes de otras culturas?
Hay de todo. Hay que
decir que ha influido mucho que durante los años de la dictadura
no era fácil conocer a gente de fuera, ni viajar. Los extranjeros
han llegado a España desde hace poco tiempo. Hace cinco años no
había muchas personas de color en España. Ahora hay un montón de
senegaleses, nigerianos...
Los españoles, ¿conocemos
tu cultura?
Poco, realmente poco.
Pero tampoco los indios saben mucho de España, ya que nunca ha habido
relaciones entre los dos países.
¿Qué imagen crees
que tenemos los españoles de vosotros?
Cuando digo que soy
de la India, lo primero que comenta la gente es que es un lugar
de mucha pobreza, de mucha hambre. La gente llega a decir que ha
visto muertos tirados en las calles de Nueva Delhi. Pero no son
muertos. Son personas que viven y duermen allí. Es cierto que hay
gente que va a Benarés a morir, porque cree que, si mueren allí,
irán directamente al cielo. Yo conocí a una mujer que pensó que
iba a morirse y, tras donar todo lo que tenía a una casa de caridad,
se fue a Benarés a esperar la muerte. Cuando yo la conocí llevaba
16 años esperando la muerte. Este es un tipo de actitud muy típica
de la filosofía hindú: la resignación, el fatalismo.
A veces, también parece que los españoles ven a la India como una
gran vaca. ¡La vaca! ¡En otros países nunca me hablan de las vacas!
En el Camino
de Santiago conocí a unos universitarios. Uno de ellos sólo
me hacía preguntas sobre las vacas. Decidí tomarle
el pelo y le dije que si una vaca entraba en el Parlamento se
suspendía la sesión y cosas así. Y se lo creyeron.
Hay muchos estereotipos
relacionados con cada país o pueblo.
Sí, bueno, son estereotipos
que hemos vendido. De España también hemos vendido que es toros
y sevillanas. Otro estereotipo de la India es que es una tierra
llena de espiritualidad. Sin embargo, hay mucha corrupción
en la política. ¿Cómo puede ser un país tan espiritual si hay tanta
corrupción? De todas maneras eso gusta y se vende. Los europeos
también promocionan esta idea porque ellos buscan en la India un
cuento, no una realidad. «Me voy a la India porque hay mucha espiritualidad».
No hace falta ir a la India. Vete a Galicia o a cualquier pueblo
de España a buscar espiritualidad.
¿Qué diferencias
y similitudes ves entre ambos pueblos?
Os parecéis a los indios
en que ambos hablamos bastante. Pero creo que el indio no se preocupa
tanto por lo material. El español piensa de una manera cada vez
más materialista. Llevo diez años aquí y eso se nota cada vez más.
Antes, los españoles no se pasaban el día compitiendo unos con otros.
Ahora, eso es cada vez peor. Otra diferencia ligada a esto es la
hospitalidad. Aquí la gente queda mucho en los bares y no en las
casas. Los primeros meses no tenía ni idea de cómo podía ser una
casa española. En la India, las cosas no son así. Cuando quedas
con alguien, es en su casa, no en los bares. Si tú vas allí, a casa
de alguien que me conoce, y dices que eres amigo mío, no vas a tener
problema para quedarte en esa casa. Los indios somos muy hospitalarios.
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«El
español es una lengua muy masculina, se habla a gritos. Yo antes
hablaba muy despacio, en voz muy baja, pero al cabo de dos años
me di cuenta de que nadie me escuchaba.»
Al principio viniste
aquí por una beca de estudios, ¿esta situación te influyó a la hora
de aprender español?
Sí, pero aprendí más
español en la calle que en las aulas.
¿Cuánto tiempo estudiaste
en la universidad?
Dos años y medio,
haciendo un master en traducción.
Cuando llegaste,
ya habías estudiado español, pero, ¿tenías dificultad para hablarlo?
En teoría sí, sabía
defenderme. Había un problema y es que se habla muy deprisa en España.
Ha habido un cambio fundamental en mí al venir a España: antes hablaba
muy lento, en voz muy baja. Me di cuenta, al cabo de dos años, de
que nadie me escuchaba. Ahora hablo muy deprisa, y cuando voy a
la India me dicen que qué me ha pasado. Yo fui presentador de noticias
radiofónicas en Delhi y tenía que hablar deprisa, pero no hablaba
tan deprisa como hablan los españoles.
¿Cómo te suena el
español?
Como una ametralladora.
El español que aprendimos en la universidad era como muy romántico,
muy rítmico, muy lírico,
y eso no existe. El español que se habla en la calle no tiene nada
que ver con el que aprendes en el laboratorio de idiomas.
Busca una palabra
o un adjetivo para definir el español
Es una lengua muy
masculina, se habla a gritos.
¿Qué aspecto del
español te resultó más difícil de aprender?
El subjuntivo. Es
el terror de los alumnos extranjeros. Tanto como para los españoles,
el leísmo.
¿Y lo más fácil?
Fonéticamente, el
español es muy sencillo.
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«En
la India, los buzones son de color rojo.
Creíamos que estas cosas son universales, pero no.»
¿Recuerdas alguna
anécdota curiosa al confundir el significado de alguna palabra del
español?
Uno de los primeros
días de estar aquí, fui a comprar una barra de pan y el señor del
hostal me dijo que preguntara por una pistola.Yo
fui a la panadería a preguntar: «¿Tiene pistola, por favor? » y
el hombre de la tienda me dijo: «¿Para comer o para matar?». No
lo entendí y me marché de allí. Al cabo de seis meses, volví a la
tienda y me dijo que le sonaba mi cara. Le conté lo del pan y le
dije que me marché porque no sabía qué me decía.
¿Te ha sucedido
alguna otra anécdota como ésta, alguna confusión por desconocer
algún aspecto sociocultural de España?
Que me hayan pasado
a mí, no recuerdo ahora ninguna. Pero, me acuerdo de una que me
pasó con un compañero al mandar una carta. En la India, los buzones
son de color rojo. Creíamos que estas cosas son universales, pero
no. Por ejemplo, en la India las farmacias tienen una cruz roja,
símbolo de la salud. Sin embargo, aquí es verde. Mi amigo quería
encontrar un buzón rojo, y lo único que encontramos parecido fue
una caja postal. En inglés, buzón se dice post box (literalmente
traducido, caja postal). Intentamos echar la carta allí,
pero no encontramos el agujero para las cartas en ninguna parte
de la fachada del banco. Alguien debió de pensar que queríamos robar
el banco, dando tantas vueltas y vueltas por allí buscando el agujero.
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