
Bueno, en realidad éstas son
las cosas que le quiero preguntar. Le explico la situación: tenemos un robo y un
accidente. El coche, Seat Toledo rojo, es el mismo en ambos.
Tenemos dos hombres en la calle, inconscientes, y el
coche, estrellado en la calle. Las joyas robadas no están en el coche; no están en
ninguna parte. No sabemos quién es el conductor y quién el peatón. Sólo sabemos que uno de los dos es el
ladrón.
¿Y la documentación?
Ninguno de los dos tiene
documentación. Tampoco están en los ficheros de la policía. Hay una chaqueta azul, pero
no sabemos de quién es.
¡Qué situación! ¿Qué
dice el otro hombre?
No dice nada. Está
inconsciente. Tiene también un shock, resultado de un fuerte golpe en la cabeza.
Usted también tiene un golpe en la cabeza. En el accidente, uno de los dos rompe el
cristal del coche. Pero ya le digo que no sabemos quién es el conductor. Los dos tienen
más o menos las mismas lesiones.
Me dice que posiblemente soy
un ladrón, pero que no lo sabe usted y que no lo sé yo tampoco, ¿verdad?
Me parece que sí.
Increíble. Me parece una
situación divertida.
¿Divertida?
Divertidísima. Me gusta. No
me acuerdo de nada. No sé quién soy, de dónde vengo, cuántos años tengo...
Posiblemente soy un ladrón, no lo sé, pero ustedes tampoco lo saben. Sólo esperamos dos
posibilidades: yo recupero la memoria y digo que soy un ladrón; o el otro hombre
despierta y dice que es un ladrón. ¿Cuál le parece más probable?
No lo sé. En este momento
las dos son posibles.
Bueno, en serio, quisiera ser
inocente.
Naturalmente. Nosotros
continuamos con la investigación. Necesitamos encontrar el botín. El ladrón tiene diez minutos para ocultar las
joyas. El botín está en algún lugar de la ciudad. ¿En cuál? Posiblemente, entre el
Ayuntamiento y la calle Santa Lucía, que es el camino que une el robo y el accidente.
Pero no tenemos nada en este momento.
Entiendo. Suponemos que hallan las joyas. ¿Qué pasa entonces? ¿Es importante
para mí? Claro. En las joyas o en la bolsa hay con seguridad huellas dactilares. Con ellas la policía dice quién
es el ladrón.
Ah, ya veo. ¿No hay huellas
en el coche?
No. El volante tiene una cubierta de terciopelo y las huellas no permanecen en ella. Tampoco
hay huellas en otras partes del vehículo.
Estoy metido en un problema.
En ese momento, Ainoa entra en la
habitación. También el doctor. Hablan un poco con «Javier» y Pedro Herrero se va.
IV JUEVES

«Javier» está sentado en una silla de ruedas en su habitación, cerca de la ventana.
Mira el jardín que hay fuera. Su cara está seria. Parece nervioso, porque se frota mucho
las manos. Tiene en la mesa que está cerca de la ventana el periódico de ese día.
Continúa en la misma habitación, en el mismo hospital. No recuerda nada.
Entran Ainoa, el doctor y Pedro
Herrero, el policía. Caminan y hablan unos con otros. El doctor está enfadado.
¿Ocurre algo? pregunta
«Javier».
Bueno, realmente no responde
Pedro. Hablamos de usted. La policía y el hospital necesitan colaborar. Vamos a
actuar juntos. Nosotros queremos resolver el robo, porque el otro hombre está
inconsciente y no sabemos cuánto tiempo necesita para curarse. La única solución es su
memoria. Usted quiere recordar, ¿no?
Por supuesto que sí. No me
gusta estar sin hacer nada, sin saber quién soy, un ladrón o un padre o un millonario...
¿Qué piensan hacer?
El hospital colabora con la
policía. La enfermera Ainoa está en estos momentos dedicada a usted exclusivamente. Su
trabajo es hacer volver su memoria. Usted necesita ayuda para recordar. Ella es su ayuda.
Fotografías, periódicos, paseos, charlas... todo es útil para traer un recuerdo. A lo mejor, un paisaje o un árbol o una frase
despiertan su memoria. Con su memoria, todos ganamos: la policía puede aclarar el robo,
el hospital le cura a usted, y usted mismo recupera su vida y sus recuerdos. ¿Qué le
parece?
Todos ganan, excepto yo, que
posiblemente voy a la cárcel.
Es un riesgo. Pero también
existe la otra posibilidad: es inocente y no pierde nada. El robo está aclarado y usted
está libre y con su familia o trabajo... con su vida normal.
Ya. Bueno, me parece bien.
¿Empezamos hoy?
Sí. Lo primero, vamos a la
habitación donde está el otro hombre. Tiene la posibilidad de recordar algo.
Posiblemente es amigo suyo.
Cómplice, quiere decir. En ese caso, la cosa está
clara: yo soy amigo suyo, uno de los dos es un ladrón..., conclusión: los dos somos
cómplices.
Pedro Herrero, serio, murmura:
Es mejor no pensar demasiado
en las posibilidades.
El doctor se va a visitar a otros
enfermos y Pedro Herrero y Ainoa, que transporta a «Javier» en la silla de ruedas,
caminan para tomar el ascensor. Esperan en el
pasillo un rato y finalmente entran en uno de los ascensores. «Javier» dice:
Este hospital es muy grande,
¿no?
Sí responde Ainoa
. Muy grande y además muy bueno y famoso. Es bastante moderno y en algunas cosas es uno
de los mejores de España.
En enfermeras, por ejemplo
bromea Pedro.
Ainoa se ríe.
Por supuesto, en enfermeras
es el número uno.
«Javier» pregunta:
¿Subimos o bajamos?
Usted está en el piso cuatro
y el otro en el seis. Él está en la UCI.
¿UCI? ¿Qué es eso?
Unidad de Cuidados
Intensivos. Es donde están los enfermos más graves, los que necesitan vigilancia
especial.
Usted no recuerda muchas
cosas de la vida normal, ¿no? dice Pedro Herrero Quiero decir que no se
acuerda de su nombre o de su familia, pero tampoco de algunas cosas que le rodean, del
país o de cosas que sabemos de forma natural, ¿verdad?
Es cierto. Hay cosas que
recuerdo y cosas que no. No sé cuántas cosas. Ainoa me dice que su nombre es vasco; de
eso no me acuerdo. Bueno, ahora sí, claro mira a Ainoa, sonriendo. Ahora sé
que Ainoa es un nombre vasco.
¿Sabe qué país es éste?
¿Cuántos habitantes tiene? ¿En qué ciudad estamos? ¿Quién es el presidente del
gobierno? ¿Cómo está la economía? ¿Dónde...?
Por favor, por favor, son
demasiadas preguntas dice Ainoa. Es mejor ir poco a poco. Parece el Trivial.
¿El Trivial? ¿Qué es?
dice «Javier».
Un juego de cultura. Bueno,
ya estamos aquí. Se paran en una puerta doble. Ainoa entra en otra habitación y sale con
unas batas verdes y unas mascarillas y bolsas.
Nos ponemos las batas, las
bolsas en los pies y las mascarillas en la boca para no llevar microbios y enfermedades a
los enfermos de la UCI. Tampoco es posible hablar muy alto ni estar mucho tiempo.
De acuerdo dice «Javier».
Pasan la puerta. Hay un pasillo
central y camas con enfermos en las dos paredes. Hay también máquinas cerca de los
enfermos para vigilar su situación. Finalmente, se paran ; en una cama hay un hombre con
la cabeza escayolada. El hombre está con los ojos cerrados.
Bueno, aquí está. Es el
hombre del accidente.
«Javier» mira con atención. El
hombre tiene más o menos los mismos años que él. Su cara no es nada especial. A «Javier»
le parece que es la primera vez que lo ve. No tiene ningún recuerdo de ese hombre.
No, no creo conocer a este
hombre.
¿Está seguro? pregunta
Pedro Herrero.
Sí, es la primera vez que lo
veo. No me trae recuerdos. Ainoa lleva la silla de ruedas al pasillo. El policía camina,
serio; en el pasillo se quitan las batas, las mascarillas y las bolsas de los pies. Ainoa
se lleva todo. Pedro dice:
Mala suerte para todos.
Lo sé. Quisiera recordar,
pero no me acuerdo de este hombre.
Bueno, me voy. Tengo trabajo.
Hasta mañana. Ainoa está otra vez con ellos.
¿Se va? Nos vemos mañana.
Pero mañana seguro que estoy cansadísima.
¿Por qué? pregunta el
policía, que espera el ascensor.
Esta tarde voy al concierto
de Mecano en la plaza de toros. Me gustan mucho y
también me gusta mucho bailar. El problema es que hay trabajo al día siguiente y...
¿Mecano? pregunta «Javier»,
nervioso. Eso me recuerda... No sé, tengo una sensación rara. Tiene relación con
el accidente... Es difícil de explicar. Recuerdo un poco el accidente, una cosa roja y
Mecano está también relacionado.
¿Mecano, relacionado con el
accidente? pregunta Pedro Herrero, extrañado. Me parece que está usted un
poco confuso, Javier. ¿Qué tiene que ver un grupo de música con un accidente?
No lo sé, pero esa palabra
me trae recuerdos que están relacionados con el accidente. No sé cómo o por qué.
Mmmm. Es extraño.
El ascensor llega, y los tres
entran. En la planta número cuatro, el policía
dice:
No sé... Voy a pensar en esa
relación. Hasta mañana.
Hasta mañana.
V VIERNES
El día es estupendo, con sol y una temperatura agradable. «Javier»
está más contento y animado. Ahora recuerda una cosa; el primer recuerdo de su otra vida
ya está en su cabeza. Supone que otros recuerdos esperan para salir. Esa mañana los
enfermeros le bañan y le afeitan. Su ropa está
también limpia. Se siente bien.
Entra Ainoa. Ella también está
vestida con ropa de calle, no con la bata del hospital. Parece cansada, pero contenta.
Hola, buenos días. ¿Cómo
estás hoy? ¡Qué guapo! Estás limpio y afeitado. ¡Qué camisa tan bonita! ¿Es la ropa
del accidente?
Hola. Sí, es mi ropa. O eso
dicen. Pero es verdad que me resulta familiar. ¿Qué hacemos?
Como ves, yo también voy con
ropa de calle. Sólo me dedico a ti, a ayudarte a recordar. Vamos a dar un paseo por la
ciudad. Ver cosas ayuda a recordar, ya sabes.
Estupendo. Tengo ganas de salir. Aquí tengo demasiado tiempo
libre. Me aburro. Quisiera respirar aire natural, no acondicionado.
Pues vamos. Tengo coche;
cargamos la silla de ruedas en él y vamos al Paseo de Pereda, que está muy bonito hoy.
Paseamos, miramos cosas, hablamos y seguro que tu memoria regresa poco a poco. ¿Vale?
Vale. Me parece un plan
buenísimo.
Ambos salen del hospital. El coche de Ainoa
es pequeño, pero está limpio y cuidado. Con problemas, «Javier» y la silla consiguen
meterse. Él va en el asiento del copiloto, y la
silla, plegada, en el de atrás. Santander está preciosa esa mañana. Hay mucha gente en la calle y el
día es luminoso. Hay muchas flores en todas partes. También hay mucho tráfico;
demasiado. El coche marcha despacio. Finalmente, llegan al Paseo de Pereda, que es la
calle principal de Santander, una bonita avenida que está paralela al mar. Hay muchas flores y tiendas.
Aparcar
en Santander no es fácil, pero Ainoa ve un sitio bueno y deja allí el coche. Bajan y
pasean.
Tenemos suerte dice
Ainoa. Un precioso día, sitio para aparcar, tiempo libre...
Sí. Necesito tomar aire
fresco.
¿Qué te parece si tomamos
algo en una terraza? Tengo muchas ganas de tomar un
refresco. Estoy hecha polvo. ¿Te parece bien?
Me parece muy bien. Es verdad, tu
concierto de ayer. ¿Qué tal?
Genial. Me encanta ese grupo.
Ella canta muy bien y los conciertos resultan muy animados. Pero bailar demasiado es malo;
ahora estoy muerta. Llegan a una terraza y se sientan. El camarero pregunta:
¿Qué desean?
Yo, una Coca-Cola, por favor
dice Ainoa. Y mira a «Javier». Necesito estar despierta.
Para mí, un zumo de naranja.
¿Algo para picar? pregunta el camarero.
¿Unas patatas fritas? Tengo
un poco de hambre.
Vale, unas patatas fritas
responde «Javier».
El camarero se va. Ainoa dice:
Zumo de naranja. ¿Siempre
pides zumo de naranja? ¿Te acuerdas de tus bebidas o comidas favoritas?
Mmm. No sé, pero es verdad
que me gusta el zumo de naranja. No es exactamente un recuerdo..., más bien una intuición.
Ahá. Eres un chico natural.
Un deportista o un ecologista, o algo así.
No sé. Es posible.
El camarero llega con las bebidas y
las patatas. Ainoa bebe rápido.
Aaaah. ¡Qué bien! La verdad
es que estoy muy cansada. Siempre me meto tarde en la cama cuando voy a conciertos.
¿Vas mucho a conciertos?
Sí. Me gusta la música e
intento ir bastante. No hay muchos conciertos en Santander. En Madrid o en Barcelona sí
hay muchos; también en el País Vasco. Pero no aquí.
¿Vas con tu novio, con
amigos...?
No tengo novio. Voy con un
grupo de amigas. Casi siempre vamos juntas. Somos cuatro amigas.
¿Íntimas?
Muy íntimas. Del colegio.
Eso está bien. ¿Cómo es
que no tienes novio?
Ninguno me quiere dice
ella con cara de niña pequeña. Se ríe. Bueno, en realidad soy muy independiente.
Los hombres no están mucho tiempo conmigo.
También me gustan las
mujeres independientes.
¿Seguro? ¿Te acuerdas de
eso? dice ella con ironía.
Oh, creo que sí. Bueno,
vamos bien. ¿Qué te parece un paseo?
Adelante.
VI
El coche llega al hospital. Es la
hora de comer. Ainoa y «Javier» bajan y caminan por los pasillos. Van al comedor.
Esperan unos momentos para encontrar una mesa libre;
hay muchas personas, médicos, enfermeros y visitantes, que comen en el comedor del
hospital. Finalmente, ocupan una mesa.
Una mañana muy agradable
dice «Javier». Recordar así es un placer.
Pero realmente no recuerdas
mucho. En el Paseo de Pereda nada te resulta familiar. Es raro. La playa, los bares, las
tiendas... no te dicen nada.
Así es.
¿Está libre este asiento?
Levantan la vista. El inspector
Herrero está de pie con una bandeja con comida.
Claro. Ahora estamos los tres
responde «Javier». ¿Cómo le va?
Tirando. ¿Y usted? ¿Recupera sus recuerdos?
No, no mucho. Recuerdo que me
gusta el zumo de naranja y las mujeres independientes, pero no mucho más. Ah, y que me
gusta pasear por la ciudad.
No está mal para una
mañana. Pero no es mucho, es verdad. ¿Nada del robo?
Me parece que no. Lo siento.
Bueno, yo tengo buenas
noticias. Es algo que tiene que ver con lo de Mecano y el accidente. La calle del
accidente está llena de papeles de propaganda del
concierto. Veamos: es lunes por la mañana. Recuerdo que en el momento de meterle a usted
en la ambulancia, miro un papel que está en el suelo y un policía amigo mío me dice: «Son
Mecano. Voy a ir esta tarde». Un comentario sin importancia, como ve, pero en esta
profesión no se sabe cuándo o cómo las cosas más pequeñas son importantes. ¿Qué
quiere decir esto? Yo creo que usted se acuerda de Mecano relacionado con el accidente
porque posiblemente es el último recuerdo que tiene antes del accidente. Esto quiere
decir que, como no puede leer los papeles que están en el suelo cuando va en un coche a
toda velocidad por las calles de la ciudad, usted no va en el coche. Es el otro hombre el
que va en el coche y tiene el accidente cuando le atropella a usted. Conclusión: el otro
es el ladrón, y usted es inocente. Naturalmente, todo esto es sólo una hipótesis. La base no es muy fuerte: una idea que nace
de un recuerdo muy débil. Pero es algo positivo, ¿no le parece?
Oh, sí, sí que me lo
parece. Es usted bastante inteligente.
Para eso me pagan. Pero no lo
tome muy en serio. Le digo que es sólo una idea, nada definitivo. Esperamos nuevos datos.
Por cierto, esta comida no está muy buena; más bien, está malísima.
VII
Hoy es sábado. El día está
un poco oscuro, pero no va a llover. ¿Dónde quieres ir?
Me apetece ir al Palacio de la Magdalena.

¿Seguro? No parece un lugar
bueno para recordar nada. Quiero decir que es difícil encontrar ahí alguna cosa de tu
vida cotidiana.
Tienes razón. Recordar y
hacer turismo son dos cosas diferentes, ¿verdad?
Sí, bastante. Claro que en
el Palacio hay cosas que posiblemente resultan buenas para traer otros recuerdos: cuadros,
libros, habitaciones, jardines... Muy bien, vamos. Nunca sabemos dónde podemos tener
suerte. Tenemos el ejemplo de tu recuerdo de Mecano, ¿no? ¿Quién sabe? A lo mejor eres
un millonario y en el Palacio te acuerdas de todo.
Claro, claro. Continúa.
¡Qué imaginación! Los dos van al coche de Ainoa y montan. Ella explica a «Javier»
algunas cosas de la ciudad.
Esto es el Paseo de Pereda, lo conoces
ya. Ahora subimos esta calle, y eso que ves allí es el Auditorio. Muy moderno, ¿no? A
mucha gente no le gusta, pero es muy bueno para conciertos y teatro. ¿Sabes que en verano
hay aquí un festival internacional de teatro? Toda esta parte es la zona más bonita y
rica de la ciudad. Aquí vive la gente que tiene más dinero, las más ricas. ¿Qué te
parecen las casas? Bonitas, ¿eh? Todas miran al mar. Santander es una ciudad muy
elegante, ¿sabes? Ahora, aquí, entramos en la Península,
donde está el Palacio. Actualmente es posible visitarlo porque hay en él una
universidad.
¿Una universidad? preguntó
«Javier», extrañado.
Sí, la Universidad
Internacional Menéndez Pelayo, bastante famosa. Tiene unos cursos de verano muy
conocidos, y mucha gente viene a Santander para asistir a ellos. También viene gente del
extranjero; creo que hay cursos de español también. Bueno, aquí estamos. ¿Qué tal?
Ainoa baja del coche, saca la silla
de ruedas y ayuda a «Javier» a salir del coche y subir a ella.
Bueno, el edificio es
bastante bonito. Pero... no sé. Tengo una sensación extraña. Me parece que yo conozco
este lugar. Creo recordar que no es la primera vez que vengo.
¿En serio? pregunta
Ainoa, con esperanza ¡Estupendo! ¿Ves? Poco a poco los recuerdos vuelven.
Sí, sí recuerdo este sitio.
Unas personas ayudan a Ainoa a
subir la silla de ruedas por las escaleras que hay en la puerta del edificio, un edificio
gris y antiguo, de sólida piedra. En el interior, casi todo es de madera, vieja y noble.
Los pasos de las personas están acompañados del ruido de la madera. Hay cuadros en las
paredes, de hombres famosos por su inteligencia y por sus obras, viejos cuadros de
científicos, poetas, escritores, políticos y soldados. En los pasillos hay vitrinas, sillones y mesitas, alfombras y tapices. Unos estudiantes pasan con libros
y carpetas. Ainoa explica:
Como sabes, este palacio es
ahora una universidad. En este momento, precisamente, hay varios cursos sobre diferentes
temas. Mira, todas las habitaciones son en realidad clases. Esta universidad tiene una
biblioteca con muchos libros de literatura española muy raros. Pero ya sabes que en
realidad es un palacio, así que es muy bonito y noble, diferente de las universidades
modernas.
Un momento, un momento... te
digo que yo conozco este lugar, u otro similar. Todo me resulta familiar.
¡Magnífico! Aquí hay
vitrinas con libros y otras cosas. ¿Quieres mirar?
Sí... Libros antiguos,
monedas...
De repente, «Javier»
ve una cosa que le impresiona. Cierra los ojos y se pone las manos en la cabeza. Mira otra
vez en la vitrina y murmura palabras que Ainoa no oye bien. Ella mira atentamente las
cosas que están en la vitrina, pero no ve nada especial.
¿Qué te pasa, Javier?
¿Ocurre algo?
Recuerdo claramente una cosa,
Ainoa. Hay aquí objetos que tienen que ver con mi vida. ¿Qué objetos? ¿Qué es?
«Javier» señala con la mano y
Ainoa abre la boca, sorprendida. Las cosas que él señala en la vitrina son una
colección de collares, pendientes, anillos y diademas
antiguas. Joyas.
Tomado
del libro Amnesia,
de Ocasar Ariza, José Luis.
Editorial Edinumen, páginas 14 a 31.

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