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Nuria Espert nació en
Hospitalet de Llobregat (Barcelona) en una época difícil para España: el país se
encontraba en plena guerra civil.
La madre de Nuria trabajaba en un telar, el padre era carpintero. Ambos se habían
conocido en un grupo de teatro y transmitieron esa afición a su hija. Desde muy pequeña,
comenzó a actuar en un grupo de su barrio. Con doce
años, debutó en el escenario interpretando el papel de un gato. Según confiesa la
propia Nuria Espert, la cosa no resultó demasiado bien. Pero hubo una segunda
oportunidad: dar vida a una princesa. A partir de ese momento, anduvo de un grupo de
teatro a otro, hasta crear junto a su marido, Armando Moreno, una compañía propia.
Nuria Espert y Armando Moreno poeta, guionista y productor llevan ya treinta y cinco
años de vida en común. Absolutamente diferentes de carácter, provenientes ambos de
familias muy distintas, basan su matrimonio sobre todo en la amistad que se profesan mutuamente. Para Nuria Espert, que no cree
demasiado en la familia, la suya es una verdadera excepción. Armando Moreno no dudó en
dejar prácticamente todas sus actividades para darle constante apoyo moral y permanecer a
su sombra.
Las dos hijas del matrimonio, Alicia y Nuria,
continúan los pasos de los padres, con sello propio:
la primera, como productora; la segunda, como actriz en la compañía de Lindsay Kemp.
Los
libros, las amistades de las que se ha sabido rodear hay nombres especiales para
ella, como Terenci Moix, Rafael Alberti, Montserrat
Caballé y los ya fallecidos Víctor García y Salvador
Espriu y la vida han hecho de ella una persona de honda cultura, ella que ni siquiera terminó los estudios secundarios.
En 1986, después de interpretar durante varios
años obras como Yerma, La dama de las camelias, Doña Rosita la soltera, Las criadas,
Salomé, Nuria Espert recibe una propuesta
realmente interesante: dirigir en Londres La casa de
Bernarda Alba. Glenda Jackson está interesada en el papel principal. Nuria Espert
tiene miedo, rehúsa; lo piensa mejor y por fin
acepta. Éxito clamoroso. Después vendría la
ópera se trata de una de las pocas mujeres que dirigen ópera en el mundo: Madame
Butterfly, Electra, Rigoletto, La Traviata, y en 1996 será Carmen en Japón.
Nuria Espert tiene contratos firmados hasta el año 1997. Entre los numerosos proyectos,
le atrae especialmente la dirección de Carmen y de La zapatera prodigiosa,
papel este último que interpretará su hija Nuria en 1992.
Pero con las labores de directora y escenógrafa, Nuria Espert no
quiere olvidar la interpretación. Por eso, su último reto ha sido el monólogo del
japonés Hisashi Inove, titulado Maquillaje. Una transformación en escena de más
de dos horas de duración.
Actriz cosmopolita, hogareña su casa de
Madrid es al mismo tiempo su refugio le
hubiera gustado conocer personalmente a García Lorca y, sin duda, lo ha conocido a
través de las representaciones que ha hecho de sus obras. Nuria Espert considera que ha
habido tres palabras que han moldeado su carrera: el
talento, el trabajo y la suerte.

Juan Antonio Vallejo-Nágera nació en
Oviedo en el año 1926. Su padre médico militar,
psiquiatra, enamorado de todo lo alemán y, por
supuesto, de la música de Wagner lo educó, a él y a los demás hermanos, con
rigidez. El contrapunto ideal fue la madre de Vallejo-Nágera, llena de humanidad. En ese
equilibrio perfecto nació Juan Antonio, que heredó la vocación, el amor al trabajo del
padre y la sensibilidad de la madre.
Los primeros años de la guerra civil fueron,
paradójicamente, una etapa hermosa para Vallejo-Nágera. Vivió en un pueblo y sintió la
guerra muy lejana. Allí tuvo su primer contacto con la naturaleza. Después vendría el internado.
A pesar del amor que sentía por la medicina, la
etapa de estudiante no fue en absoluto feliz para
Vallejo-Nágera. Fue una época de mucho esfuerzo, muchas horas frente a libros para
conseguir buenas notas que él mismo se exigía. La
vida fue mucho más divertida después de acabar la
carrera. En los primeros años como médico, Juan Antonio Vallejo-Nágera compaginaba la austeridad de la consulta con una
constante vida de relaciones sociales y fiestas. Así conoció a Viky Zóbel, sobrina del popular pintor, que se convertiría en su esposa.
Catedrático de Psiquiatría y Psicopatología de
la Universidad Complutense y director del Instituto
Nacional de Pedagogía Terapéutica y del Centro de Investigaciones Psiquiátricas de
Madrid, a Vallejo-Nágera le gustaba definirse como un hombre del Renacimiento, alguien
que abarcaba muchos campos de la cultura y era feliz
en todos ellos. Así, aparte de médico, fue pintor, conferenciante,
encuadernador de libros, escritor y jugador de polo.
Y no siempre por dotes naturales, sino porque puso
verdadero empeño en ello: escribir le suponía un
considerable esfuerzo, como también lo había supuesto estudiar medicina.
Fue una persona que necesitaba aprovechar el
tiempo al máximo, pero todo lo alcanzaba con su enorme entusiasmo vital.
En
el año 1974 abandonó la práctica de la enseñanza y en 1982 dejó de ejercer la
medicina activamente. Desde 1985, año en que ganó el Premio
Planeta de literatura, se dedicó a escribir, a dar conferencias y a participar en tertulias de radio y televisión.
Murió tras una larga enfermedad, en marzo de
1990.
Uno de sus mejores amigos: el torero Luis Miguel Dominguín.
Empezó encuadernando por hobby los libros
viejos que había en su casa. Acabó yendo a
estudiar la técnica a varios talleres y vendiendo algunas de sus propias
encuadernaciones.
Como pintor, también por afición y sin haber
estudiado, llegó a realizar numerosas exposiciones y a vender buena parte de su obra. Fue
naïf hasta que el mismo se dio cuenta de que ya no podía ser un naïf
auténtico, pues había aprendido demasiado a base de experiencia.
Como jugador de polo, llegó a participar en el
equipo español internacional.
Sus libros son:
- Introducción a la psiquiatría
- Ante la depresión
- Perfiles humanos
- Concierto para instrumentos desafinados
- Locos egregios
- Mishima o el placer de morir
- Yo, el rey
- Yo, el intruso
- Aprender a hablar en público hoy
- La puerta de la esperanza (en colaboración
con José Luis Olaizola)
Tomado del libro Los
polifacéticos, de Marinella Terzi,
Editorial SM, páginas 7 a 11.

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