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Hace unos días, Celia Cuadrado nos envió el mensaje que más abajo reproducimos, después de habérnoslo autorizado ella misma. Como veréis, plantea un tema que seguramente traerá otros en cascada: quienes traducimos al español trabajamos con una lengua hablada en una extensión geográfica enorme, con sus peculiaridades locales, pero que sigue siendo la misma. ¿Cómo incide esto en nuestra tarea? ¿Sería posible estar al tanto de todas las variedades? ¿Para quién traducimos?
«Estimados señores:
Soy española, pero vivo en Miami desde hace varios años; y, por consiguiente, trato con muchos hispanos de diferentes nacionalidades.
Lo que me choca mucho es el tuteo en España entre gente que no se conoce (como en el correo electrónico que me enviaron). Lo había visto ya en publicidades, pero creía que era marketing, es decir, una manera de hacerse los simpáticos. Aquí, en Estados Unidos, donde por supuesto hablando inglés no se hace la diferencia, al cambiar al español la gente se habla de usted, a menos que sea entre compañeros o gente muy conocida.
Realmente me ha llamado la atención que en un mensaje del Centro Cervantes me tutearan.
Como estudiante universitaria, les pregunto: ¿Se está perdiendo el usted o es una moda pasajera, fruto quizás de los años de socialismo en España?
Traducir al español en Miami es una tarea bastante difícil, ya que no sólo se puede caer en anglicismos; además, el prime reader es muy variado y no acepta o no entiende ciertas palabras por mucho que estén en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. A veces me dan envidia los traductores en España, que no tienen dudas al escribir altavoz en vez de bocina, cordones de zapatos en vez de agujetas; eso sin mencionar los espejuelos-lentes-anteojos-gafas. Quizás, una de las cosas que he aprendido aquí es la humildad: el idioma español no es patrimonio exclusivo de los españoles y no tenemos el derecho a la última palabra sólo por haber nacido en la madre patria.
Gracias.
Celia Cuadrado».
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