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Lunes, 11 de octubre de 2004
   

 ¿Por qué nos equivocamos? (I)
 
Por Lidia Lozano González

Apartado: Técnica docente
Subapartado: Tratamiento de los errores
Actividad de lengua implicada: Expresión oral y escrita e interacción oral
Material necesario: Muestras reales de errores de los estudiantes, fichas de trabajo, ordenadores con conexión a Internet y transparencias


Descripción

Aquí se presenta un conjunto de técnicas, a las que podemos englobar bajo el título de «análisis y reflexión de los errores en ELE» que tienen como objetivo proponer pautas de trabajo en el aula para concienciar a los estudiantes de sus errores, su tipología y sus posibles causas con el fin de guiar a éstos en el proceso de corrección de los mismos.

Esta entrega será completada con la presentación de dos técnicas más en «¿Por qué nos equivocamos (II)».


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Procedimiento

A continuación se recogen distintas técnicas para trabajar los errores en el aula de ELE:

1. La primera técnica que queremos presentar es una a la que hemos dado el nombre de «¡Envíamelo por emilio!» y que permite trabajar los errores utilizando el medio del correo electrónico.

Para ponerla en práctica debes llevar a tus estudiantes a la sala multimedia. Allí, divide la clase en grupos, de manera que cada equipo trabaje con un ordenador. Debes asignar a cada grupo una dirección de correo electrónico (se puede utilizar la dirección de correo de una de las personas que formen el grupo). Escribe en una lista las direcciones de correo electrónico de cada uno de los grupos y repártelas al azar.

Explícales en qué consiste la tarea que van a realizar: cada grupo debe elegir un texto que uno de sus miembros haya escrito para una de las últimas clases de español. Deben ponerse de acuerdo y seleccionar aquel que les parezca más interesante pues se lo van a enviar a otro grupo para que lo revise. Los alumnos del otro grupo deben corregirlo, indicar las correcciones en color azul y en negrita y enviar el texto revisado a otro equipo diferente para que haga una segunda revisión. Después de todo ese proceso, el grupo al que pertenece el autor del texto, recibirá de nuevo y a través del correo electrónico, el texto original, pero revisado por dos grupos distintos. Es decir que, de lo que se trata, es de que el mismo texto, sea revisado en cadena. En este enlace, puedes ver un ejemplo del proceso de revisión.

Pasa de mesa en mesa y comprueba que los alumnos utilizan criterios de corrección adecuados.

Infórmales de que como asistente de corrección (para comprobar sus correcciones), pueden usar los correctores que presentan la mayoría de los procesadores de texto. Para utilizarlos, primero deben subsanar los errores que crean haber localizado en el texto con el que están trabajando siguiendo sus propios criterios y conocimientos. Después deben verificar el trabajo realizado con la ayuda del corrector ortográfico. Advierte a los alumnos de que el corrector puede identificar los errores morfológicos, tipográficos y ortográficos, pero en algunos casos no será eficaz en la explicación de errores de tipo sintáctico, discursivo, semántico y de registro.

Pide después que cada grupo vuelva sobre los errores que ha localizado en el texto con el que está trabajando, para reflexionar sobre la tipología de los mismos y las correcciones efectuadas. Para dicha reflexión, se puede utilizar la tabla que aparece en el enlace anterior.

Al final, organiza una puesta en común para revisar el trabajo de corrección realizado para cada uno de los textos. Si el aula dispone de un ordenador central (en la mesa del profesor) que puede proyectarse en una pantalla en la pared o pizarra, este recurso facilitará la tarea a la hora de explicar el proceso de revisión y corrección. Pide a los alumnos que justifiquen cada una de las correcciones realizadas. Asegúrate de que se conciencian de los errores, reflexionan sobre sus causas y se dan cuenta de la necesidad de las correcciones.

2. Otra técnica de corrección que puedes utilizar para implicar a los alumnos en la revisión de sus propios textos es la siguiente, a la que hemos denominado «leyendas, ayudas para la corrección».

Escoge un artículo periodístico, revista o texto literario en español; como ejemplo, te proponemos el texto A. Asegúrate de que el nivel de dificultad de comprensión lectora se corresponde con el nivel de los estudiantes.

Introduce algunos errores en el texto elegido (texto B), subráyalos y con la ayuda de esta leyenda, indica debajo el tipo de errores al que responde cada uno. Entrega a cada alumno el texto B y la leyenda y anímales a que lo corrijan utilizando la ayuda de la información que aparece en la leyenda.

Cuando hayan terminado, de manera individual o en grupo, se comprueba el resultado de la actividad, con el texto original (texto A).

3. La tercera técnica que presentamos es una de carácter lúdico a la que hemos dado el nombre de «¿Qué apostamos?» y que se puede utilizar para potenciar la capacidad de los alumnos a la hora de analizar sus propios errores y para ayudarlos a reflexionar sobre las causas de los mismos.

Unos días antes de poner en práctica esta técnica, haz una lista en la que incluyas frases que contengan las equivocaciones más comunes en las que suelen incurrir los estudiantes de tu clase. En esa lista intercala algunas oraciones donde no haya ningún error. Asegúrate de que adecuas el nivel de dificultad al nivel de la clase, para mantener el interés de tus estudiantes.

Lleva el listado de frases a la clase y proyéctalo en una transparencia. A continuación, te proponemos un ejemplo de un listado posible para frases con las que se quiere trabajar usos incorrectos de ser y de estar.

Pide a tus alumnos que observen estas frases y que discutan entre ellos acerca de si les parecen correctas o no y por qué. Explícales que no va a tratarse de una discusión al uso, sino de participar en una «subasta de frases» que les va a permitir reflexionar sobre posibles errores que contienen las frases que les has presentado.

Con pequeñas tarjetas de colores, previamente habrás preparado billetes de 5, 10 y 20 euros. Reparte por ejemplo, 100 euros a cada alumno. Los estudiantes deben decir si las oraciones que ven proyectadas en la transparencia son correctas o no, y apostar dinero por ello, argumentando su decisión. Puedes ver aquí un ejemplo de la dinámica. Ganará el alumno que, en la subasta, consiga el mayor número de frases correctas.

En la puesta en común final los alumnos pueden hablar sobre cuál les parece que es la causa de los errores localizados en las distintas frases. Para esta parte del análisis se puede utilizar este documento donde se incluye un listado de las principales causas que están detrás de muchos errores.


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Comentarios

El objetivo del conjunto de técnicas presentado es desarrollar en el aprendiente la capacidad de análisis de errores.

Esa competencia puede extenderse a otros campos de conocimiento que trascienden la gramática y la lengua, puesto que el desarrollo de una mentalidad crítica se puede aplicar a otras ciencias y a las situaciones de la vida diaria. Por otra parte, algunas de las técnicas presentadas integran el uso de recursos que, para el aprendizaje, pueden brindar las nuevas tecnologías. De ese modo el estudiante se familiariza con estos entornos y puede también aplicarlos fuera del aula a un aprendizaje autodidacta.

No queremos concluir sin hacer una pequeña reflexión metodológica acerca de la concepción del error. Así se define en el Diccionario de términos de ELE:

 Con este término se hace referencia a aquellos rasgos de la producción oral o escrita de los aprendientes que se desvían de los que son propios de la lengua meta. (...) [el error es] un elemento activo y necesario en el proceso de aprendizaje.

Lo cierto es que los errores son una muestra de un estadio de interlengua y el estudiante puede aprender de ellos para avanzar en su estudio y pasar al siguiente estadio. Por otra parte, el profesor también puede beneficiarse del análisis de errores, para verificar los avances de los alumnos y hacer hincapié en los aspectos que éstos todavía no dominan. Además, hay que tener en cuenta que las nuevas tendencias de enseñanza de la lengua pretenden incentivar la autocorrección del error, y propiciar de ese modo la autonomía del aprendiz, por lo que es importante acostumbrar a los alumnos a la reflexión sobre los propios errores.

 

 
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