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Procedimiento
A continuación se recogen
distintas técnicas para trabajar los errores en el aula de ELE:
1.
La primera técnica que queremos presentar es una a la que hemos
dado el nombre de «¡Envíamelo por emilio!» y que permite
trabajar los errores utilizando el medio del correo electrónico.
Para ponerla en práctica
debes llevar a tus estudiantes a la sala multimedia. Allí, divide
la clase en grupos, de manera que cada equipo trabaje con un ordenador.
Debes asignar a cada grupo una dirección de correo electrónico (se
puede utilizar la dirección de correo de una de las personas que
formen el grupo). Escribe en una lista las direcciones de correo
electrónico de cada uno de los grupos y repártelas al azar.
Explícales en qué consiste
la tarea que van a realizar: cada grupo debe elegir un texto que
uno de sus miembros haya escrito para una de las últimas clases
de español. Deben ponerse de acuerdo y seleccionar aquel que les
parezca más interesante pues se lo van a enviar a otro grupo para
que lo revise. Los alumnos del otro grupo deben corregirlo, indicar
las correcciones en color azul y en negrita y enviar el texto revisado
a otro equipo diferente para que haga una segunda revisión. Después
de todo ese proceso, el grupo al que pertenece el autor del texto,
recibirá de nuevo y a través del correo electrónico, el texto original,
pero revisado por dos grupos distintos. Es decir que, de lo que
se trata, es de que el mismo texto, sea revisado en cadena. En este
enlace, puedes ver un ejemplo del proceso de revisión.
Pasa de mesa en mesa y comprueba
que los alumnos utilizan criterios de corrección adecuados.
Infórmales de que como asistente
de corrección (para comprobar sus correcciones), pueden usar los
correctores que presentan la mayoría de los procesadores de texto.
Para utilizarlos, primero deben subsanar los errores que crean haber
localizado en el texto con el que están trabajando siguiendo sus
propios criterios y conocimientos. Después deben verificar el trabajo
realizado con la ayuda del corrector ortográfico. Advierte a los
alumnos de que el corrector puede identificar los errores morfológicos,
tipográficos y ortográficos, pero en algunos casos no será eficaz
en la explicación de errores de tipo sintáctico, discursivo, semántico
y de registro.
Pide después que cada grupo
vuelva sobre los errores que ha localizado en el texto con el que
está trabajando, para reflexionar sobre la tipología
de los mismos y las correcciones efectuadas. Para dicha reflexión,
se puede utilizar la tabla que aparece en el enlace anterior.
Al final, organiza una puesta
en común para revisar el trabajo de corrección realizado para cada
uno de los textos. Si el aula dispone de un ordenador central (en
la mesa del profesor) que puede proyectarse en una pantalla en la
pared o pizarra, este recurso facilitará la tarea a la hora de explicar
el proceso de revisión y corrección. Pide a los alumnos que justifiquen
cada una de las correcciones realizadas. Asegúrate de que se conciencian
de los errores, reflexionan sobre sus causas y se dan cuenta de
la necesidad de las correcciones.
2.
Otra técnica de corrección que puedes utilizar para implicar a los
alumnos en la revisión de sus propios textos es la siguiente, a
la que hemos denominado «leyendas, ayudas para la corrección».
Escoge un artículo periodístico,
revista o texto literario en español; como ejemplo, te proponemos
el texto A. Asegúrate
de que el nivel de dificultad de comprensión lectora se corresponde con el nivel de los estudiantes.
Introduce algunos errores
en el texto elegido (texto B),
subráyalos y con la ayuda de esta leyenda,
indica debajo el tipo de errores al que responde cada uno. Entrega
a cada alumno el texto B y la leyenda y anímales a que lo corrijan
utilizando la ayuda de la información que aparece en la leyenda.
Cuando hayan terminado, de
manera individual o en grupo, se comprueba el resultado de la actividad,
con el texto original (texto A).
3.
La tercera técnica que presentamos es una de carácter lúdico a la
que hemos dado el nombre de «¿Qué apostamos?» y que se puede utilizar
para potenciar la capacidad de los alumnos a la hora de analizar
sus propios errores y para ayudarlos a reflexionar sobre las causas
de los mismos.
Unos días antes de poner
en práctica esta técnica, haz una lista en la que incluyas frases
que contengan las equivocaciones más comunes en las que suelen incurrir
los estudiantes de tu clase. En esa lista intercala algunas oraciones
donde no haya ningún error. Asegúrate de que adecuas el nivel de
dificultad al nivel de la clase, para mantener el interés de tus
estudiantes.
Lleva el listado de frases
a la clase y proyéctalo en una transparencia. A continuación, te
proponemos un ejemplo
de un listado posible para frases con las que se quiere trabajar
usos incorrectos de ser y de estar.
Pide a tus alumnos que observen
estas frases y que discutan entre ellos acerca de si les parecen
correctas o no y por qué. Explícales que no va a tratarse de una
discusión al uso, sino de participar en una «subasta de frases»
que les va a permitir reflexionar sobre posibles errores que contienen
las frases que les has presentado.
Con pequeñas tarjetas de
colores, previamente habrás preparado billetes de 5, 10 y 20 euros. Reparte por ejemplo, 100 euros a cada alumno. Los estudiantes
deben decir si las oraciones que ven proyectadas en la transparencia
son correctas o no, y apostar dinero por ello, argumentando su decisión.
Puedes ver aquí un ejemplo de la dinámica.
Ganará el alumno que, en la subasta, consiga el mayor número de
frases correctas.
En la puesta en común final
los alumnos pueden hablar sobre cuál les parece que es la causa
de los errores localizados en las distintas frases. Para esta parte
del análisis se puede utilizar este documento
donde se incluye un listado de las principales causas que están
detrás de muchos errores.
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