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Lunes, 18 de febrero de 2013

 

Trabajar con niños en el aula de ELE (I): el componente afectivo
Por Francisco Lara González, profesor de ELE para niños y jóvenes en la Internationale Friedensschule de Colonia (Alemania), formador de profesores y creador de materiales


Actividad de reflexión

Apartado: Reflexión para el profesor
Subapartado: Adecuación a las tradiciones educativas y peculiaridades de grupos de aprendientes
Destinatarios: Profesores
Material necesario: Fichas que se adjuntan. Tarjetas de colores


Descripción

El objetivo de esta actividad es hacer reflexionar a los profesores que trabajan para un «público infantil» sobre la importancia del componente afectivo en la clase de ELE para niños. Para ello, intentaremos definir qué es un «niño» y cuáles son sus necesidades en el aula.

Empezamos de esta manera una serie de actividades de reflexión del campo de ELE para niños en las que se irá reflexionando sobre diferentes temas como el papel del profesor, el manejo de la clase, la motivación, la concentración, la programación de actividades, etc.

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Introducción a la actividad

Si trabajáramos en un taller de reparaciones, trabajaríamos con coches. Saber qué es un coche, el conocimiento de la mecánica y las necesidades de estos vehículos facilitaría en gran medida nuestra labor como mecánicos. Así pues, tendríamos claro que un coche, entre otras cosas, necesita un motor bien engrasado, pastillas de freno en buen estado y un depósito con gasolina.
Los profesores que trabajan para un público infantil deberían reflexionar sobre el público con el que trabajan para definirlo y conocer sus necesidades.

Para el diccionario de la RAE, un «niño/a» es una persona «que está en la  niñez», entendiéndose la niñez como el «período de la vida humana, que se extiende desde el nacimiento a la pubertad».

Aunque no es tarea fácil definir qué es un niño, todos los profesores que trabajamos para un público infantil sabemos que un niño es mucho más que esto.

Te proponemos leer el cuento Un niño es un niño de la pedagoga austríaca Brigitte Weninger; fue publicado por la editorial Vicen-Vives en su colección Piñata. Puedes ver una presentación del cuento aquí.


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Pasos de la actividad

1. Después de la lectura del cuento, reflexiona sobre su significado y responde a las siguientes preguntas:

¿Qué es (para ti) un niño?
¿Qué necesidades (según tú) tiene un niño?

Escribe tus respuestas en la parte superior de la siguiente ficha.

2. Como profesor de ELE para niños, adapta tu propia definición de niño (ahora alumno) y sus necesidades al contexto de la clase. Trata de reformularlo todo con un vocabulario más didáctico y escribe tus ideas en pequeñas tarjetas de un mismo color.

En tarjetas de un color distinto escribe los métodos, acciones y actitudes que llevas a cabo como profesor para cubrir las necesidades que has definido.

A modo de ejemplo:

Necesidades: «Un niño es una persona a la que le gusta divertirse» (tarjeta de color amarillo).
Método/acciones: «Realizar actividades lúdicas y juegos en clase»(tarjeta de color verde).

Necesidades: «Un niño necesita cariño» (tarjeta de color amarillo).
Actitudes: «Hacer de vez en cuando alguna carantoña a los alumnos»(tarjeta de color verde).

Sería muy interesante si pudieras comparar todas estas reflexiones e ideas con otros profesores. Te sugerimos que imprimas la ficha en formato A3 y vayas pegando las tarjetas con la definición y las necesidades (de un mismo color) alrededor del dibujo de los dos niños del centro a modo de mapa mental o ideograma. Pega al lado de cada tarjeta su correspondiente tarjeta de acciones y actitudes (de otro color). Es mucho más atractivo, visual y fácil para poder trabajar y comparar con el resto de los compañeros.

También puedes dibujar una línea para dividir la ficha por la mitad en dos tablas. Pega en una de ellas las tarjetas donde describes las necesidades y en la otra las tarjetas donde están escritas las acciones y actitudes.

Esta actividad te hará reflexionar no sólo sobre si estás teniendo en cuenta las necesidades personales y afectivas de tus alumnos, sino que al mismo tiempo, irás haciendo una autovaloración y un balance sobre qué acciones prácticas llevas a cabo en el aula para cubrir las necesidades que has expuesto.  El intercambio de ideas con otros profesores es el mejor camino para ir mejorando en nuestra concienciación de la importancia del componente afectivo en nuestro trabajo con niños.

3. A partir de los resultados de la actividad anterior, ¿podéis elaborar entre todos una lista con las posibles actitudes y comportamientos que debe tener en cuenta un profesor de ELE para niños pensando en el componente afectivo?

Podéis comprobar vuestra lista con las diferentes preguntas que se plantean en el siguiente cuestionario de autorreflexión. El cuestionario está concebido como una batería de preguntas sobre actitudes y comportamientos que mejorarían nuestra concienciación sobre la importancia del componente afectivo en el aula. Se trata de cuestiones sobre el tono de la voz, la confianza, el respeto, la seguridad, la participación, la autoestima, etc.

Si tienes la oportunidad de trabajar con más compañeros, podéis observaros en clase unos a otros y contestar al cuestionario. Si trabajas solo, otra opción es grabar tu clase o realizar el cuestionario nada más terminar una sesión con tus alumnos. Lo ideal sería un resultado final del cuestionario con una mayoría de «caritas sonrientes».

4. Una vez realizado el cuestionario señalad las preguntas en las que haya salido una «carita seria o triste» y tenedlo en cuenta para hacer modificaciones en  vuestras futuras clases. Podéis apuntarlo en la siguiente ficha de observación.

No hay que ser demasiado ambicioso, te puedes proponer como objetivo la mejora de un aspecto en una semana, por ejemplo, regístralo en la ficha y una vez conseguido, pasa a modificar el siguiente punto.

Si tenéis la posibilidad de observaros las clases entre varios profesores, tendréis la confirmación de que vuestra actitud o comportamiento ha cambiado o mejorado.

Para terminar con esta primera actividad de reflexión, retomemos de nuevo el cuento de Brigitte Weninger. Observa que la frase de mamá Ratón «todos los niños necesitan lo mismo: un lugar donde vivir y jugar, buenos alimentos y alguien que les quiera», podría resumir de forma fácil y clara nuestro tema de reflexión. En otras palabras, y «traduciendo» la frase a un lenguaje más cercano y apropiado a nuestras clases con niños, nos quedaría algo así: «La gran mayoría de los alumnos necesitan lo mismo: una clase donde puedan aprender, divertirse, jugar y sentir, buenos materiales, recursos y actividades interesantes y unos compañeros y profesores que los quieran, los respeten y los valoren constructivamente».


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Comentarios

El componente afectivo, ya importante en cualquier tipo de actividad profesional, es mucho más importante, si cabe, en el trabajo con niños. La práctica docente nos enseña que los niños necesitan (y demandan) el afecto, la aceptación y el respeto de sus profesores y el del resto de sus compañeros de clase.

Como demuestran muchos estudios actuales, el componente afectivo tiene una gran importancia en el proceso de aprendizaje de segundas lenguas. Por ello, a medida que cuidemos y tengamos cada vez más en cuenta los factores afectivos en nuestro trabajo como profesores, iremos observando y sintiendo que el aprendizaje es mucho más eficaz

De hecho el Marco común europeo de referencia para las lenguas (2001) menciona estos aspectos cuando habla de la competencia «existencial» (saber ser):

La actividad comunicativa de los usuarios o alumnos no solo se ve afectada por sus conocimientos, su comprensión y sus destrezas, sino también por factores individuales relacionados con su personalidad y caracterizados por las actitudes, las motivaciones, los valores, las creencias, los estilos cognitivos  y los tipos de personalidad que contribuyen a su identidad personal. (MCER; pág. 103)

Como profesores deberíamos hacer todo lo posible para influir de una manera positiva en el proceso de aprendizaje de nuestros alumnos. Sonreír más a menudo en clase, mostrar interés por las cosas que los alumnos nos cuentan, divertirnos con ellos, negociar contenidos de aprendizaje y métodos con nuestros alumnos, valorar positivamente sus logros, potenciar la participación directa y activa de los niños en el curso de español, entre otras cosas, son comportamientos y actitudes que favorecen una enseñanza de segundas lenguas consciente de la importancia de lo «afectivo».

Bibliografía

Arnold, Jane (2000): La dimensión afectiva en el aprendizaje de lenguas. Cambridge University Press, Madrid.

Arnold, Jane (2000): «Los factores afectivos en el aprendizaje del español como lengua extranjera» en Claves afectivas e interculturales en la enseñanza de español segunda lengua a personas inmigradas. Antologías de textos de didáctica. Biblioteca del profesor de español. Centro Virtual Cervantes: http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/antologia_didactica/.

Gardner, H. (1993): Multiple Intelligences. Harper Collins Publishers, New York.

Pagel, B. L. y Carrol, M. L. (1969): Cómo atraer y orientar al niño en la escuela. Paidós.

García, P.: «Los espacios afectivos en el aula de segundas lenguas» en I. Ballano (Coord.) I Jornadas sobre Lenguas, Currículo y Alumnado Inmigrante. Bilbao, U. Deusto. Pp. 35-42.

Murias, R. (2011): El componente afectivo en la clase de ELE. Videoconferencia en COMPROFES, Congreso Mundial de Profesores de Espanol. http://comprofes.es/inicio/.

 

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